C12 - Poema - Alaniz

Compañía

La primera vez que se acerco a nosotras, inmediatamente percibimos su primitivo saber, casi nulo.
Solo nos miramos y nos dimos cuenta que no hubo más remedio que rezar y sonreír.
Más tarde con el tiempo sus manos ignorantes torpemente aprendieron a cuidarnos.
Ya no estábamos tan solas como la casa vacía.
Su vida nueva era un desafío y nuestra vida nueva estaba por llenarse.
Muchas primaveras le regalábamos el olor de la tierra húmeda, que embriagaba sus pensamientos, nos los decía su rostro.
El pasto recién cortado la ponía de buen humor y el sabor dulce de nuestro perfume floral con ayuda del viento colmaba su espacios.
Aprender a cultivarnos fue duro, por su ignorancia y por nuestro padecimiento, pero al final entendimos algo también, su amor y dedicación.
Un día de enero tuvo que irse, la vimos llorar, la vimos parada frente a nosotras despidiéndose con sus lágrimas y sufrimos con ella.
El destino quiso que nos dejara en buenas manos.

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