C7-POBRE JUAN ( Graciela)

POBRE JUAN.

Un día de Septiembre apareció en el taller.
Era un personaje serio, demasiado serio.
Ingeniero, dijo ser de profesión.
Todos pensamos, que tal vez era ese tipo de ingeniero que es Faure, pero no.
Maletín negro, si mal no recuerdo. Con papeles, calculadoras, lápices, hojas y hojas.
Decía querer sensibilizarse, salir de su rutina tan esquemática.
No me quedó claro cómo dio con nuestro taller.
Fue bienvenido por todos. Lo dejamos expresarse, presentarse, escribir.
-¿Volverá el próximo jueves? Más de uno se preguntó.
Y sí, regresó. Casi ante la sorpresa de todos.
Encima ese día había cumple con vino de todos los colores, sándwiches y hasta la más rica torta casera.
La consigna era: describir a un compañero de taller, a cualquiera, al que se nos ocurriera.
Cada tallerista concentrado en su tema.
De repente Gustavo y Juan, desaparecieron del lugar. No los ví más.
Giré mi cabeza hacia la izquierda y los veo ahí en el pasillo, hablando en voz baja.
-Qué pasa? Nos preguntábamos.
Hablarían de la cuota, de las consignas , de nosotros, del espacio físico. Poco me importaba, yo estaba muy concentrada en describir a mi tallerista elegida en esa oportunidad.
Entraron los dos. El nuevo le dio al vino, a los sándwiches, a la torta de Susy.
Escribió, leyó, no sonrió.
Y pobre Juan, él se lo perdió.
Se perdió la sabiduría de Susana, la genialidad del caballero Faure, la risas y simpleza de Anita, la espontaneidad de la Klein, la sencillez de Alaniz, los ojos recién enamorados de Luly, la palabra justa y precisa de Gabriela, la casi timidez de Bea, la franqueza de Gustavo y hasta mis alas cortitas con ganas de volar.
No sabemos nada de este Juan. Por ahí se equivocó de dirección y en lugar de Manuela Pedraza quería llegar a Olleros, Santos Dumont o Vuelta de Obligado.
Si algún día regresa lo vamos a recibir con los brazos abiertos.
Pero, eso sí, nunca le perdonaríamos que nos lleve del taller a su colega y nuestro gran preciado ingeniero Faure.

C7 - relato extraño - klein

Después mucho después, me di cuenta de como en esa clase del taller de escritura , mi presencia podía ser utilizada como una simple coartada para esclarecer un hecho delictuoso.
Cursábamos el tercer año de taller de escritura creativa en el centro Jauretche cuando se presento un nuevo compañero, Juan de nombre, X de apellido
El alumno en cuestión era un señor de profesión ingeniero igual que la que tenia otro compañero nuestro a quien habíamos apodado “ faure” simplemente porque ese era su apellido. El era nuestro único compañero varón que nos enriquecía constantemente con sus conocimientos literarios, músicos, cinematograficos que solia compartir con nosotras, de aquí en mas “ las chicas” , soportaba estoicamente nuestras publicaciones desordenadas en el blog y las bromas del profesor también. , pero todo esto casi no tiene importancia en este relato, lo importante es que se presenta este señor Juan, como ya anticipe, ingeniero también de profesión.
Aquella clase, nuestro coordinador, Gustavo de Pace , nos dio como consigna relatar sobre alguna situación difícil o extraña que hubiéramos experimentado en cierto momento de nuestra vida. .
Cada uno preparo alguna, Luli escribió de cuando se separo del papa de su hijito, Bea de cuando tuvo que decidir su casamiento , Anita cuando tomo la brutal decisión de asesinar a su madre, Faure de cómo hizo para reprimir su instinto asesino frente a sus compañeros de coro, Grace relato de aquella vez que le robaron en la puerta de su casa, Gabriela ese dia no se decidio por contar nada, Klein relato como , frente a continuos episodios de perdida de su memoria, opto por empezar a anotar todo en un cuadernito que lleva a todas partes, , Alaniz relato de una situación medio perversa que le sucedió con el portero, Susana nos declaro que no sabia como contar lo que tenia que contar . Y ahí llegamos a Juan , aquel compañero que se incorporaba en este grupo. Todos esperábamos de Juan algún relato relacionado a lo laboral ya que había estado comentando con Faure algunas cuestiones propias de su profesión en común.
Pero Juan impávido nos contó ,mas en tono de confesión, que en realidad se anoto en curso de escritura porque necesitaba una coartada para un gran robo que estaba a punto de perpetrarse en la sucursal del HSBC ubicada a pocas cuadras de el centro Jauretche en la calle Ibera y Cabildo
Nosotros, es decir el taller a partir de ese momento pasábamos a ser la coartada perfecta, que este señor necesitaba cubrir en ese horario jueves de 19 a 21 hs…
Por eso ante la pregunta inocente que Anita realiza a Juan … entonces te vas a quedar el taller? El le respondió , gritando ...un No que dejo a todos boquiabierta…
Todo lo que siguió fue un momento confuso, Gustavo salio con Juan del aula y comenzaron a discutir en el pasillo, mientras nosotros seguíamos trabajando con las consignas.
Los veíamos a ambos a través de la ventana, Juan con cara de ruego, de suplica, Gustavo con cara de no puedo, no puedo mentir, no me pidas que lo que haga…
Solo ellos sabrán lo que realmente sucedió ahí afuera, nosotros solo nos quedamos con el recuerdo ingrato de habernos encariñado por un momento con un nuevo compañero que vio en nosotros su perfecta coartada.

FIN

C6- Escritura sensorial (Graciela)

Clase 6.

Consigna : Utilizar un sentido, escribir algo y que el lector perciba lo descripto por medio del sentido elegido.
SENTIDO: el olfato
PAN CALIENTE.

El olor a pan caliente me lleva al pueblo de mi infancia.
Cada día mi tío y 2 o 3 empleados se levantaban en plena madrugada , a eso de las 3.
Había que hacer la mezcla de la harina con sabor a madrugada, la levadura ( con su olor ácido), el agua y la sal que olían a espuma de mar.
Esa mezcla a una enorme máquina, a una pieza cálida y húmeda.
Esperar.
Ya el ambiente olía a pan incipiente, alquimia de olor a masa cruda y levadura. Neutro, perceptible.
A unos pocos metros el horno que olía a leña quemada a fuego lento. Así debía de ser.
Mientras la levadura hacia su trabajo en su masa, alguien aparecía con un jarro con mate cocido . Aroma inconfundible. Irremplazable. Mate cocido de pueblo.
Ya pasó. Se cumplió el tiempo de leudar, ahora a amasar y hornear.
La parte más linda y divertida. Cortar cada trocito, para que cada uno de ellos fuera en pocos minutos un pan cocido crujiente.
Así la vida de la panadería pueblerina crecía entre bolsas de harina, trozos de levadura, leña, horno , pan cocido y por supuesto madrugones.
Y llegó el momento del horneado.
Y lo mejor , el pan caliente recién hecho.
Olorcito inquebrantable, capaz de subyugar hasta al más cruel de los sentidos. Nadie se resiste a ese aroma. Es como disfrutar de una cálida embriaguez.
Al salir del horno se huele exquisito, suave, tierno.
Según leí por ahí, no sé sabe ciertamente donde nació el pan, pero 3000 años antes de Cristo este apetitoso manjar ya se comía en China.
Y como alguien dijo “con pan y vino se anda el camino”.
Me olvidaba contarles que a mi cuento le robé un poco de olorcito del pan caliente y se lo mandé de regalo al hijo de una de mis compañeras de taller.


C6- Escribir un relato desde el comienzo de una frase.

C6-Escribir un relato a partir de una frase. Frase sugerida y elegida: NI UN SOLO DIA SIN UNA LINEA.(GRACIELA)


Ni un solo día sin una línea sobre su pintura póstuma.
Cada mañana o tarde o noche, tomaba Juan su pincel y dejaba una marca más.
Sería ésta su última obra.
La mejor de todas!!!
Le debía a ella un aprecio especial. Sería su obra final.
Y así resplandecía el rojo, después el amarillo.
Danzaba el azul eléctrico, algo así como una música tecno.
Y el blanco de la pureza.
El violeta, color preferido de Carolina.
El verde de cada árbol del monte, elegido por Facundo.
Hasta el negro tenía su lugar en los ojos más hermosos.
El marrón de mi cartera y del caballo más veloz.
El rosa pálido y el chillón, tomados de las manos, bien unidos.
Un gris azabache perfecto.
Y nuestro Juan volvía a tomar el pincel.
Y otra vez, no había un solo día sin una línea.
Los matices eran muchos, variados, locos.
Los burócratas, los acartonados, no entenderían nunca esa composición. Para ellos sería sólo una mezcla de colores, una mezcla de sin sentidos.
Pero , los otros, los simples, los que sabían ver: apreciarían aquello.
Pasaron los meses, y después de una línea sobre otra, y otra y otra, llegó el final.
-Perfecto. Dijeron sus amigos.
-Lo más, suspiró su hija.
Y relajado en su sillón , nuestro artista decidió descansar.
Ya no hay día, ya no hay línea.

C6- escritura sensorial - Klein

Me rozo con su mano, suave pero aspera y recia
Me toco con sus dedos, decididos y masculinos
Su piel tibia , humana , varonil
Su boca, sus labios tensos , humedos y envolvente me llevan a otro tiempo, a otro momento, a otro lugar

Su cabello duro por los años
Gris por la vida y largo por la dejadez me conectaba con el triste paso de los años.

La piel de su cara tensa, con arrugas, pero amigable era lo que me habia cautivado
Esa cara de ese rostro me llevaba por los caminos de los sueños
Por los caminos del deseo.
Piel arenosa , deseable
Piel de años que han pasado , piel de vida robada

Su olor , tan familiar y tan extraño por momentos
Ese aroma mezcla de tabaco y café o mezcla de perfume y locion
Ese olor tan suyo, me perdia en las tinieblas de mi reprimido deseo

Sus musculos recios pero algo vencidos
Me lo imagino venciendo tempestades, llorando por amor
Luchando por su vida.

Su mirada poco honesta
Sus ojos de mirada perdida
De mirada engañosa , acomodaticia
Ojos de miedo, ojos tormentosos que asustan
Nada conoce con su mirada
Sus ojos de niño engañado, estafado, mutilado
Sus ojos de mentiras escuchadas y descubiertas.
Sus ojos negros.

C5 - narrador protagonico _ La Klein

Parte II
Vito nos cuenta...

Nunca entendí que era lo que finalmente ocurrió.
Jamás pensé que todo el barrio me ovacionaría de esa forma!
Carola es todo para mi .Ella me rescato de la calle
Yo vivía con un cascarrabias que de un día para el otro decidió que no quería cuidarme más y me echo literalmente patitas a la calle
Y así fue que vagabundee mucho, pero mucho
Fríos inviernos, veranos tortuosos y húmedos
Hasta que una tarde de otoño cuando se presentía que el frió se iba a apoderar de nuestra ciudad, sentí una inmensa necesidad de dormir una siesta al sol en ese balcón lleno de malvones que ya en otras ocasiones lo había estado merodeando. ,
Me quede dormido entre los malvones de ese balcón.
Cuando desperté una señora, muy amable pero quien no paraba de hablarme, me trajo un tazón con leche
Sin dudarlo empecé a beberlo y ahí sentí por primera vez las caricias de Carola
A partir de ese momento nunca nos volvimos a separar. Ella jamás dejo de darme su amor y su atención y yo nunca deje de serle fiel.
Me adopto. Cuando venían sus amigas ella le decía algo así “como que yo venia a reparar todos sus cicatrices, frase que nunca entendí porque yo no se arreglar nada, pero bueno, cosa de humanos.
Una mañana calurosa y húmeda , la recuerdo bien, decidi salir a pasear un rato, como todas las mañanas mientras Carola se dirigía a hacer las compras de todos los días.
Vagabundee un rato , como es mi costumbre a esa hora y después decidí volver a la casa, estaba cansado porque la noche anterior habíamos estado de fiesta en lo de Tete, la felina de la otra cuadra ( asi le decian, “ la felina” )
Estaba casi a punto de dormirme cuando escuche unos gritos que venían de la calle.
Asustado salí al balcón y me quede sorprendido viendo y escuchando como Carola gritaba mi nombre pero lo señalaba a Coqui, el gato amigo de Tete, que los miraba desde un balcón medio destruido que estaba al lado de mi casa
La gente empezó a rodear a Carola, y todos gritaban mi nombre pero nadie me miraba a mi. Un señor que iba en una bicicleta freno de golpe, dejo la bicicleta y se puso a mirar lo que sucedía gritando mi nombre junto con el grupo de personas que rodeaban a Carola. En verdad no tenia idea de lo que sucedía ( y nunca la tuve )
Uno de los señores que estaban en el grupo, a quien pude identificar como el farmaceuta de la esquina, tomo un telefonito y hablo con alguien, vaya uno a saber con quien… tal vez por eso en minutos arribo un camión con una escalera. La escalera se desplegó, un señor gordo subió por ella hasta el balcón en el que se encontraba Coqui.
Vi como lo agarro a mi amigo fuertemente del lomo, ( le costo porque Coqui se resistía ) y descendiendo despacio se lo llevo a Carola que estaba recostada en una reposera , que su amiga, la de la panadería, le habia armado, Tampoco entendí por que, ya que si ella quería descansar bien, no lo hizo en su cama , no?
Carola lloraba agradecida mientras seguía nombrándome. Todos empezaron a abrazarlo al señor gordo que descendió con mucha valentía de esa escalera debilucha y oxidada.
Cuando Carola tomo a Coqui entre sus brazos, la cara se le desfiguro, como si hubiera dejado de ser ella y empezó a gritar nuevamente diciendo que yo no era ese gato ( vaya novedad ) porque yo tenia una manchita blanca en la cola ( vaya novedad tambien)
Después de toda esa extraña escena y ofendido por usar mi nombre para llamar a Coqui me despanzurre en mi colchón y me entregue al mas profundo de los sueños
No se bien que es lo que paso, de golpe la escuche a Carola gritarme, me besaba, me acariciaba. Todas esa personas que la rodearon en la vereda, estaba en casa junto a ella y me miraban felices (que raro son los humanos)
No entendí bien que era lo que querían así que seguí descansando,
Entre todos los que me rodeaban también lo vi al señor de la bicicleta que con cara rara y confundida se alejo del grupo para ir en busca de su bicicleta
Lo único que escuche con claridad era que Carola no dejaba de repetir lo tonta que había sido en confundirse así…
Al final el más confundido fui yo, que nunca voy a entender lo que realmente ocurrió.
.
FIN

C5- NARRADOR/PUNTOS DE VISTA-GRACIELA-

Consigna: escribir como narrador protagonista.

Eran cerca de las 8 de la noche de ese miércoles de septiembre, frío y negro.
Faltaban sólo 8 cuadras para estar en casa. Sólo quedaba pedalear y pedalear con más destreza y más habilidad que nunca, para llegar al departamento donde vivo.
Estaba cansado. Día agotador, pesado, lento.
Mi bicicleta estaba tan ansiosa como yo en llegar a destino. Pasaba saltando bruscamente por entre los adoquines de esa calle,cuyo nombre se borró de mi memoria. El barrio: Saavedra, querido, tranquilo.
Insuperable ventaja tenía sobre mí el vehículo: era nuevo, recién estrenado, azul, brillante.
Yo, en cambio, venía de una larga jornada de talleres por esos barrios que sólo existen en Buenos Aires, con esos talleristas que también sólo existen en Buenos Aires. Encima mis horas se me habían complicado con ese editor que estaba por decirme sí a la publicación de mi novela y de repente, sabrá Dios porqué, me sale con una negativa tan infantil como las que no escuchaba desde mis días de colegio.
Mis pensamientos flotaban en el aire húmedo y fresco.
Sin casi darme cuenta me voy acercando a un grupo de gente alborotada. Todos miraban hacia ese balcón sombrío y triste del segundo piso del edificio más horrible que había visto en mi vida.
Y ahí, colgado de la cornisa, un gato. Un enorme gato, tan enorme como pueda imaginarse.
Toda esa multitud quería atraparlo entre sus manos. Intentaban que el pobre se moviera hacia algún lado. El animal permanecía estático, inmóvil, odiando.
Dejé mi bicicleta a un lado, tiré mi maletín por algún otro rincón y gritaba al infeliz felino. Mi intención era convencerlo de que dejara ese lugar peligroso.
Era obvio que el animal no reconocía mi voz, por lo que la obediencia hacia mí era inexistente.
Por ahí estaba una vieja menuda, flaca, fea, llamada Angélica. Los vecinos decían que era la dueña del animal. La mujer emitía voces de manera exagerada por lo que la hice callar con un grito tan aterrador que hasta casi yo me asusto.
Eché al gato una mirada fuerte, muy fuerte y no sé si fue eso o el furioso haz de luz de un helicóptero que pasaba por el lugar, lo que hizo que el bicho cayera al piso.
Parado, intacto, como es deber de los gatos caer.
El espectáculo terminó, me dije.
Fui a recoger mi bicicleta y mis otras pertenencias, pero ya no había nada de lo mío.
Y me puse a caminar durante 8 minutos las 8 cuadras que me separaban de mi casa.
Y así terminaba mi día, sin mi vehículo azul, sin la edición de mi novela y con ese maldito gato del segundo piso de una calle sin nombre del barrio de Saavedra.
Y no sé porqué esa noche no pude dormir. Oía maullidos de un felino que se había trepado a mi balcón en busca de no sé qué.

C5- Narrador Protagonista - por Bea

Fui llamado con mis compañeros para resolver una hipótesis de conflicto en un edificio cito en el barrio de Saavedra. Un gato, denominado Lito, se paseaba por la corniza del balcón del segundo piso del citado edificio.
Su dueña, conocida como Doña Cata, septuagenaria, sufría un ataque de histeria, conmocionada por la situación, a la que el gato permanecía ajeno. Los testigos del suceso dijeron que estos episodios se sucedían con frecuencia, generados por los mismos protagonistas.
Limpiamos el área para poder realizar el operativo de rescate y dispusimos el móvil equipado con escalera extensible. Sorteamos para ver quién subía y perdí.
Por lo tanto, escalé hasta el segundo piso en una escalera hecha de escarbadientes que crujía a cada movimiento. Cuando llegué hasta el gato, extendí los brazos para bajarlo conmigo, pero el maldito se aferró al tejido, empecinado en hacerme pasar un mal rato. Tironeamos con fuerza los dos hasta que decidió saltar al balcón del primer piso, dejándome solo en las alturas.
¿Cómo terminó la historia? Los curiosos se dispersaron, la dueña entró corriendo al edificio en la búsqueda del gato y mis compañeros tuvieron que llamar a la central de bomberos para pedir otro móvil con escalera porque el mecanismo de esta quedó trabado conmigo en las alturas.

C4-GRACIELA-Escritura de algo que le pasó a alguien.

CLASE IV


CONSIGNA
: Escritura acerca de algo que le pasó a alguien, un relato que nos contaron.

EL TURCO HADAD.

Cada martes por la mañana, aparecía en su vieja estanciera el turco Hadad.
Así era su nombre y así es como lo conocían todos. Hombre de aspecto vivaz y de un gran tamaño.
Esto pasaba allá por los años 40 en algún lugar del campo en la provincia de Buenos Aires.
El turco se presentaba en cada rancho que encontraba a su paso y mostraba a la familia, generalmente madre e hijas, los bienes tan preciados que vendía. Algunas baratijas y otras cosas de cierto valor, algunas muy útiles y otras que para nada servían.
Y todas las damas a su alrededor dejaban disfrutar de ese placer de ver a sus ojos verdes, castaños o azules.
El mercader les permitía pagar en dos o tres cuotas, y esto es lo que más entusiasmaba a sus clientes, especialmente a las jóvenes.
En sus miradas se notaba el asombro de ver algo exótico, desconocido, que sólo se podría adquirir en los grandes poblados.
El turco las acercaba al mundo civilizado, era su cable a tierra.
Su vehículo de color verde loro se veía desde muy lejos. Estaba repleto de mercancías, y poco a poco se iba vaciando, para llegar el sábado al mediodía a su casa sin nada encima pero con mucho dinero.
Además el hombre cincuentón y alegre, contaba cuentos muy divertidos y anécdotas muchas veces inventadas, que hacía reír a más de una señora.
Y por qué negar que más de una bella mujer vivió su amor platónico con Hadad.
Los años pasaron para todos, para el turco, para las damas, para el mundo…
Y por esos lugares ya casi no hay ranchos, ya no hay jóvenes ni madres que ansiosas esperan que llegue el martes para que aparezca la estanciera verde loro del vendedor.
Sin embargo cuentan por ahí algunos pueblerinos que todos los martes a la mañana los campesinos suelen ver una estanciera verde loro dando vueltas de aquí para allá sin parar y que al intentar acercarse a ella desaparece.
Mi abuela me diría “es el fantasma del turco que anda dando vueltas”.
Y yo me pregunto si ella no estará con él…

C5- NARRADOR/PUNTOS DE VISTA-GRACIELA-

CLASE 5-EL NARRADOR/PUNTOS DE VISTA.

Consigna : Escribir como narrador omnisciente.


Los ojos azules, muy azules, del enorme gato color gris, colgado de la cornisa del segundo piso de un edificio en ruinas de una calle cualquiera del barrio de Saavedra, miran desafiante a los humanos que velan por él. Da la impresión de que su caída será inminente, pero eso no sucede, al menos por ahora.
La dueña de la bestia, una vieja huraña y mal humorada llamada Angélica, grita como una loca al bicho colgado del balcón. Su idea es tranquilizarlo, pero el animal la observa con su mirada azulada llena de odio. “Loca, insoportable, sucia” piensa el pobre felino. La vieja vive con su hijo de unos 40 años, solterón y sin trabajo.
Aparecen unos bomberos fatigados y de mala gana, con instrucciones de atrapar al animal. No lo logran, en verdad no ponen mucho empeño para hacerlo. Y cuando desde la central de bomberos los llaman a causa de un incendio en los cines de avenida Cabildo y Ugarte sin mediar una palabra, un gesto, una explicación: desaparecen del lugar. El sonido de la sirena se apaga a medida que se alejan .
Y entonces un vecino asustado, desde el que emana un rechazo inmenso hacia los gatos y ante tal alboroto, llama a la policía, y aparecen 2 hombres: uno pequeño , flaco, débil y el otro: gordo, grandote, torpe. El portero les alcanza una escalera que está tan en ruinas como el edificio. Construida con un metal que alguna vez debe haber brillado, relucido. Ahora ha perdido su color, su aspecto resplandeciente y sólo tiene un número interminable de escalones, que hacen su razón de ser.
El policía gordo acomoda la escalera para llegar ahí mismo donde está el gato gris de ojos azulados. Sube cada escalón sintiendo en cada una de sus piernas el peso de sus 120 kilos, recordando que no cumplió la dieta indicada por el médico y que cada día le recuerda a los gritos su mujer. Llega a la cornisa, estira su mano enorme para atrapar al animal, casi lo logra cuando una arañazo mortal le alcanza las mejillas , los ojos, la frente, la boca. Y el pobre tan grandote como infeliz cae de la escalera metálica en ruinas justo en el límite entre la vereda y la calle. Tuvo suerte ,pensaban todos los que estaban presentes, porque justo en ese mismo lugar había tres enormes bolsas de basura llenas de algún material que hizo que su caída no fuera su muerte.
Una joven presente en la escena, estudiante de 4º año de medicina, es la única que se ocupa del hombre y llama a la ambulancia.
El gato , cuyo nombre nosé ( si es que tenía algún nombre), sigue ahí, estático, inmóvil.
Aparece en escena un caballero de ojos claros, pelo castaño y barba en forma de candado, en su bicicleta nueva azul marino comprada el día anterior. Frena, deja con cuidado el vehículo apoyado en el portón de la casa vecina y se acerca .Tira su maletín , el que contenía alguno de sus escritos y un ejemplar de su novela recién editada, y grita a todos que salven al inocente animal. En ese mismo momento recuerda el día en que su madre le prohibió tener gatos en la casa. No se hubiera detenido si en lugar del bicho gris de ojos azules estuviera en ese mismo sitio un hombre o una mujer. Qué extraño el poeta: deja su maletín , su bicicleta, su novela, todo por un animal que no conocía. Extraño, impredecible, tonto.
Después de 5 minutos se da cuenta que ni su bicicleta, ni su maletín, ni sus ilusiones están donde las había dejado. Lo dije antes, tonto, impredecible, extraño.
Pasan 20 minutos más, y cuando tiene ganas y ante la mirada de todos el implacable animal se trepa a la reja del balcón vecino oyéndose gritos de los habitantes de este nuevo lugar.
La vieja Angélica, sucia, insoportable , loca, sabe en ese momento que esa era la última vez que veía a su mascota.
Y todos se van, el gato color gris, su dueña, la jóven casi médica, el encargado con la escalera al hombro, la ambulancia del SAME con el policía gordo herido, el policía débil, los vecinos curiosos.
Sólo queda el poeta de la historia pensando en juntar dinero para comprar otra bicicleta, otro maletín y en armar una nueva consigna para los talleristas del centro cultural Jauretche.

C5 - Narrador omnisciente - por Bea

Sucedió una tarde, en una esquina tranquila del barrio de Saavedra, en uno de esos balcones enrejados, no se sabe si para protección de los habitantes o de los transeúntes.
Lito, el gato gigante y malcriado de Doña Cata había trepado, no se sabía como hacia la jaula del balcón del segundo piso. Ahora paseaba su destreza en la corniza. Su vida estaba en riesgo, pero él no parecía enterarse.
El horror de su dueña albotorotó el barrio, convocando a bomberos, policías y curiosos (incluyendo a la cuadrilla de Fibertel).
Todos intentaban ayudar, pero sin poder hacerlo por no contar con las herramientas necesarias. O se amparaban en supuestas reglas de la empresa para no hacerlo.
Un vecino, compadeciéndose de Doña Cata, porque sabía de su adoración por Lito, trajo su camioneta equipada con una escalera extensible. Luego de una breve deliberación entre policías y bomberos, un policía de físico descomunal comenzó el ascenso de rescate.
A cada paso tambaleante, le respondía un crujido de la escalera... Lentamente llegó hasta Lito, que lo esperaba con desafío. El policía extendió sus brazos para devolverlo a tierra firme y al cariño de su dueña, pero el gato no se sentía con ánimos de bajar todavía. La vista desde ahí era espléndida y toda esa gente abajo se había reunido por su hazaña. Merecía tener más tiempo para disfrutar su momento. Entonces, se aferró al tejido con todas sus fuerzas. Si querían rescatarlo que fuera agregándole más suspenso y emoción a la situación.
Tironearon un rato en las alturas, Lito obstinado, el policía fastidiado con su suerte hasta que el gato consideró que había tenido suficiente. Fue ahí que se soltó del tejido y escapó de los brazos del policía, saltando al balcón del primer piso y a la búsqueda de una nueva aventura.
Doña Cata se metió corriendo en el edificio, desesperada, continuando la búsqueda de su mascota. Así pasaba sus días.
Los curiosos se dispersaron. La cuadrilla de Fibertel dio por terminado el día de trabajo por anticipado.
El policía accionó el mecanismo para descender con la escalera y sintió un ruido extraño. Los bomberos llamaron a la central solicitando un móvil de emergencia, mientras el rescatista espera su rescate en las alturas.

C5 - narrador omniciente _ La Klein

Parte I
El narrador omniciente nos cuenta....


El día comenzó mal. Mucho calor, mucha humedad.
Carola se despertó transpirada, agitada, como rescatada de una profunda pesadilla que no se animaba a recordar.
Hacia ya tiempo que vivía sola. Se había separado hacia ya diez años de su marido, y sus hijos, cada uno con sus cónyuges, vivian en Canada desde hacia ya casi ocho años, con mas precisión desde la crisis del 2001 . Los dos habían sido contratados por importantes empresas siendo seducidos a dejar su país y adoptar el otro como propio
Carola sentía la soledad a flor de piel. Si bien no podía evitar dejarse llevar por recuerdos y relatos que la acompañaban, trataba de generarse siempre actividades. Su soledad era ingobernable.
Desde hacia una año compartía su vida con un gato negro y gordo que había rescatado de la calle, a quien había bautizado Vito. Vito había empezado de a poco a darle sentido a su vida, Carola le hablaba, le contaba de sus penas y tristezas, se entregaba sus a ronroneos , lo mimaba se ocupaba obsesivamente de su alimentación, de su higiene, de su salud, en fin de su vida. Vito la ayudaba a reparar todo ese dolor que la acompañaba hacia ya bastantes años.
Pero esa mañana se despertó mal, confusa, rara
Esa mañana Carola se vistió para salir a hacer las compras de todos los días . Bajo a la calle a buscar lo de siempre aunque ese “siempre” ese día le sonaba mas pegajoso que de costumbre. Paso por el supermercado chino, compro conservas y lácteos, lo de siempre, luego paso por la veterinaria, pidió el alimento balanceado de siempre y llevo una pelotita naranja para Vito.
Por ultimo pasó por la panadería, converso entretenida con la panadera, con quien habia armado una estrecha amistad, siendo la compra de pan no mas que una excusa para alimentarla.
Luego de las distintas adquisiciones emprendió el regreso a su casa. Antes de llegar y ni bien doblo en la esquina, quedo congelada , paralizada. Con la boca seca y la respiración agitada vio a Vito que yacía acostado en una losa del balcón roto que estaba en el edificio vecino...Pero como? Como habia llegado ahí? No era tiempo de preguntas Pensó rápidamente que era imposible salir de ese balcón y empezó a gritar desesperadamente. Vito, Vito!!! Mas gritaba mas lloraba.

La panadera junto con otras personas que se agruparon para ver que ocurria empezaron a a llamarlo al gato. Todos se hermanaban en la angustia y desesperación de Carola. Vito era de todos.

Paso un ciclista por la cuadra que impactado, por la imagen casi borgiana del gato negro, atrapado en ese balcon detuvo su marcha, vaya saber que lo habria impactado tanto, y se unio al grupo de gente que llamaban a viva voz a Vito, y comenzó a hacerlo con la misma angustia de todos.

El farmaceuta de la esquina , que formaba parte de el grupo de rescate , tomo las riendas y empezó a comandar acciones para poder rescatar al animal que ya en ese punto miraba aterrorizado que es lo que pasaba abajo.
Se voto la moción de llamar a los bomberos , quienes en minutos llegaron con una escalera mecánica que desplegaron en el frente de la casa.


En no menos de diez minutos el señor bombero, excedido un poco de peso, llegaba después de subir escalón por escalon de esa escalera enclenque, donde el gato ya, en posición expectante , observaba la situación.
Le tendió una mano al gato, este se resistió inmediatamente. Tal vez por el susto de ver ese gordote personaje ascender desde la nada y querer agarrarlo
Intento otra vez, y esta vez si lo logro, con fuerza lo tomo del lomo, y lo llevo, sosteniéndolo firmemente, hacia donde estaba Carola, que ya a a esta altura yacía semi-desmayada en una reposera que le había habilitado su amiga panadera.

Con Vito como trofeo ,el señor bombero empezó a retirarse de escena bajando escalón por escalón, .
Le entrego el gato a Carola que lloraba de agradecimiento al igual que todo la gente que estaba desde hacia rato observando la escena
Todos gritaban a viva voz, todos abrazaban y besaban al bombero.
Cuando Carola tomo el gato, de repente su cara se desfiguro.
- Este no es Vito !! gritaba nuevamente desesperada Carola. Su gato, Vito, tenia una mancha blanca en la cola
Sin perder un segundo el grupo de rescate , empezó a correr hacia el departamento de Carola a constatar lo que finalmente sucedió, su gato dormia placidamente en el canasto.
El ciclista con una mezcla de confusión y sorpresa tomo nuevamente la bicicleta y retomo su marcha .



F I N

C4-(Graciela). Mezcla de palabras , en casa.

ALUCINACIONES en mi HORA sin JUSTICIA
DEUDA con MAQUINAS sin TEMORES
TANGO con CAJA sin CLUB
PARIS sin NENA sin RIMA
MANOS en la PLATAFORMA sin MOVILIDAD
OPTIMO sin CONSTRUCCION y GUIÑO
DIA sin VIUDAS.

C4-(Graciela). Mezcla de palabras , en el taller.

CAJA con MAQUINAS : lo OPTIMO-
JUSTICIA sin PLATAFORMA en PARIS-
MOVILIDAD con ALUCINACIONES a esta HORA-
CONSTRUCCION de un TANGO : mi DEUDA-
NENA sin un DIA sin TEMORES-
VIUDAS con un GUIÑO y un CLUB-
RIMA sin MANOS-

C5-(Bea). Mezcla de palabras , en el taller.

En los museos no te pierdas las telarañas,
el vecino desconocido, la distancia y sus miembros.
El gesto de la Presidenta sobre las cartas avanza;
a las críticas respondió con mucho arte.
Justo una ola de rumores en la semana del vino,
una incógnita jurídica, sin grandes mejoras, pero con elogios.
Fuego en las sierras donde la banda asaltaba.
Esa histórica visita del crimen organizado al puerto,
un grande cayó con riesgo de arrancar risas.

C5- (Bea) Mezcla de palabras , en casa.

La semana del vino asaltaba sin grandes mejoras,
su banda sacudió las telarañas en histórica visita.
Las cartas no te pierdas: sólo elogios.
El crimen organizado, miembro de una incógnita jurídica
respondió avanzando sobre el puerto.
Asume el riesgo a lo grande el vecino desconocido,
esa ola de rumores arranca risas en los museos
y el gesto de la Presidenta cayó con mucho arte,
críticas a la distancia y fuego en las sierras.

C5 - Mezcla de palabras - Luli

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Último invierno en verano
Conquistar desde una mujer
Verduras y remedios no defiendo
chicos, no crecimiento, pro vida
Cuando interesa la cabeza rechazamos hospitales
Un punto virtual desde las observaciones
La ciudad resulta un alivio salvador
Son víctimas con razón y misterio
Mentimos la verdad.

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C5 - Mezcla de palabras . la Klein

El futuro desde periodismo
pelotitas es ley,
brindis policiales a puertas.
Todo corazon chimenea,
el barrio de el premio
ante me voy a pensar a bien,
a flordepiel voz.
Sobre tirar a la tribuna
Sobre una fotografa gol
Sobre pais venus