C10- Tuve que pensar - Aullido - Alaniz

Tuve que pensar

Tuve que pensar en aullar, que loco no?
Pensar reitero, no será un aullido natural, carnal, visceral,desgarrador como el de Allen.
Me sentí presionada, sentí que tenia que volver a un sitio en el que había instalado mi carpa piquetera junto al 99% de nosotros y que me costo salir, tanto que cualquiera hubiera pensado que era el paraíso, la perfeccion.
Un lugar bello y pleno como cuando vamos de vacaciones y acostumbrados ya no queremos volver.
Que loco no?
Me fastidia volver a ese sitio quejoso, no me gusta.
Me enerva tener que recordar viejas cuestiones que ahora descansan archivadas y ordenadas en una estantería de mi vida con en una oficina.
Revolver papeles, me hace estornudar, me provoca alergia, me estufa porque luego hay que juntarlos otra vez.
Y para que me pregunto yo?
Sere mejor escritora si logro este aullido? Capaz.
Si me convenzo y comienzo a aullar podría decir que mi libro de quejas tiene infinitas paginas.
Me podría quejar desde todos los angulos posibles. Desde todas las visiones, posturas,teorías, filosóficas, psicológicas y hasta científicas. Empezando por mis padres y tal vez terminando con mis hijos. Y ni hablar de cada uno de los mezquinos gobiernos de turno que se aprovecharon de nuestra memoria y nos dejaron en la bancarrota económica, de progreso y de conciencia ciudadana.
De los chantas que a diario nos cruzamos, de los explotadores que tratamos amablemente. De los degenerados que son protegidos mientras ellos devastaron las vidas de los otros. De los amigos que no lo son y nos decepcionan, del implacable paso del tiempo que de a poco correo nuestro cerebro sin poder hacer mucho.
Me podría quejar también por que no, de mi misma en presente, de mi super-recontra exigencia perfeccionista que presiona mis tiempos para hacer millones de cosas y todas ellas impecables. De querer resultados inmediatos y no dar lugar al proceso que la naturaleza dispone para cada uno de nosotros.
Pero hoy quiero dejar de aullar, ese chillido tibio, ahogado y me permito levantar mi carpa piquetera no sin haber dejado cono buen acampante alguna que otra bolsita de miserias tirada por ahí.

C6 - escritura sensorial - por Gabriela

Me encanta despertarme en este lugar, especialmente los domingos.
Cumplo siempre el mismo ritual. Si es temprano sé que voy a poder ver al sol como un disco rojo entre los edificios. Si es temprano voy a verificar su presencia. Si no es temprano sé que ese mismo sol ya habrá dejado de verse así y la intensidad de luz entre los objetos va a ir aumentando. En especial entre las plantas.
Sé que Reina probablemente se acerque moviendo la cola a saludarme, a lo mejor ponga su cabeza entre mis rodillas y yo la acaricie de la cabeza a la cola sintiendo la suavidad de su pelo blanco y largo. Al rato aparecerá Chaplina seguramente, y se frotará contra mis piernas, toda arqueada, si se le acabó la comida, me mirará con sus ojos increíbles de un color amarillo verdoso y lanzará un maullido lastimero de gata abandonada y sola en el mundo. Las miraré juntas, si se quedan al menos un instante, pensando lo bien que combinan una perra blanca- blanca y una gata blanca y negra.
Es probable que salga al balcón si no hace frío y el aire fresco y limpio –en especial de los domingos- me refresque por dentro, y me ponga a escuchar, no ya el ruido del tránsito de la semana, sino los pájaros –muchos- que andan reconociendo el terreno y estirando las alas. Después, entrar el diario, hacer el café, calentar el pan, y llevártelos a la computadora, donde hace rato estás como un director de orquesta país a país dándole vida a las noticias del mundo.

C1 - Bradbury . por Gabriela!

Pamela y Pola

Pamela –de siete años- se apuró a bañarse después de la cena. Sus padres habían salido, su hermano –agotado después de jugar al fútbol toda la tarde- ya dormía, su hermana se quedaba en lo de una amiga.
Parecía imposible tanta felicidad.... Su abuela –Pola- en este viaje, para ella sola! Esta vez su hermano no aparecería para interrumpirlas y su hermana no distraería a su abuela para contarle una vez mas que pensaba ser médica, como ella.
Se puso el camisón rosado, largo. Pola la esperaba en el sillón grande, al lado de la calidez de la lámpara de pie. Terminó de secarle el pelo y de peinarle el flequillo.
Ya está. Empecemos, dijo.
Y empezó, empezó a leerle los cuentos de siempre.

Aunque Pamela, en primero superior, ya podía leer bastante bien sola, escuchar los cuentos leídos por su abuela tenía otro sabor. Así fue que le leyó el cuento de la muchacha que no pudiendo dormir sobre veinte colchones porque debajo de todo había un guisante demostraba ser una princesa y, pasada esta prueba, se casaba con el príncipe.
Luego, el del sapo que recuperaba su principesca figura cuando la princesa le daba un beso, y por supuesto...se casaban. Y también el de la joven que se pinchaba un dedo por intervención de una bruja mala y se dormía hasta que un príncipe le daba un beso, entonces ella despertaba y ...por supuesto, se casaban!
Pamela aplaudía y se sentía feliz por los protagonistas de estos relatos, donde aparecía el Amor.
La abuela dejó para el final la historia de una nena llamada Alicia.
En el viaje anterior, se la había leído por primera vez y Pamela había quedado casi sin respiración escuchándola.
Había algo diferente, que la desconcertaba en esta historia.
Princesas sobre colchones que no podían dormir por un guisante, sapos que se transformaban en príncipes, etc. etc.... todo esto era posible, sin duda, pero las cosas que le pasaban a Alicia parecían demasiado graves, especialmente tratándose de una nena, igual o poco mayor que ella.
Las lágrimas caían silenciosamente de los ojos de Pamela cuando Alicia atravesaba dificultades terribles y aplaudía deleitada cuando las iba superando. El libro tenía tapas duras y un dibujo en colores donde se veía una nena con un vestido largo con cinturón que seguramente ataba con un moño atrás, un poco parecido al delantal que ella usaba para ir a la escuela.
Admiraba el carácter decidido de Alicia porque se atrevía a preguntar sobre lo que no entendía y superaba el temor que le inspiraba la Reina de las Cartas.
La abuela también parecía tener una conexión especial con esta historia. Pamela se daba cuenta porque cuando la leía no despegaba los ojos del libro, no interrumpía para mirarla ni para preguntarle si estaba cansada.
Pamela escuchaba el relato con los ojos cerrados. Pronto llegó el momento esperado. Quería saber si se repetiría lo ocurrido la primera vez. Y si, volvió a ocurrir!
La abuela leyó:
“....poco después la mirada de Alicia se posó en una cajita de cristal que había bajo la mesa... encontró un diminuto pastelillo en el que se leía la palabra “cómeme”... Dio un mordisquito...”
Pamela sentía que sus pies y su cabeza se separaban velozmente y que sus manos ya no estaban apoyadas en el borde del sillón. Ahora para tocarlo tenía que arrodillarse...

Ya era la madrugada. Los padres de Pamela regresaban. Al acercarse percibieron algo extraño que no podían definir. Las ramas del paraíso producían sombras sobre la casa y no dejaban pasar la luz del farol de la calle. Osvaldo se sintió alarmado, aceleró para recorrer rápidamente la cuadra que faltaba produciendo un fuerte ruido de motor y frenando bruscamente al llegar.

La abuela percibió la cercanía. Leyó con la velocidad de la que sólo ella era capaz, y hasta se vio obligada a saltear algunas frases. Alicia encontraba el frasco salvador con el letrero “bébeme” que la haría achicarse nuevamente.
Pamela recuperaba así su tamaño habitual.
Osvaldo y Helena subían desesperados la escalera hasta la planta alta.
Por suerte, todo estaba en orden. Pamela dormía plácidamente en los brazos de la abuela, que también dormía.

C9-VENGANZA(por Graciela)

C10.VENGANZA

Nuestro personaje siniestro, repelente y soberbio hizo de las suyas hasta este día.
Día en el que la divinidad, la vida o el azar hicieron que su suerte cambiara.
Y ella no tuvo mejor idea que hacer un giro de 180 º exactos.
El ángulo de su trayectoria siempre había sido llano.A partir de aquel día sería llano también, pero iría en sentido contrario.
Se sentía perdido el muy infeliz.
Siempre en la misma dirección, y así de golpe, si como Lucifer hubiera metido un cacho de su cola , le cambiaron la vida.
Su risa irónica se opacó.
Su caminar lento y despreocupado se aceleró ante un impulso desconocido y superior.
Ese muchachito que conocí cuando recién cumplía sus 22 años, ahora ya estaba cerca de los 45.
Peinaba canas desde hacía bastante tiempo.
Una de sus piernas se estaba acortando. Nadie decía el motivo.
Alguna vez le habían sacado un riñón y además padecía de hepatitis C.
Ya desde joven desayunaba con vinagre de vino putrefacto. Otra cosa no podría explicar su cara amarga como hiel.
Las posesiones que tenía en su oficina de lujo se empezaron a transformar.
La computadora era la más antigua del lugar y estaba tomando la forma de un acordeón.
De su silla salían unas agujas afiladas que hacían incómodo su asiento.
La puerta de su oficina era de papel corrugado, el que se rompía un poquito cada día.
Su impresora nunca tenía tinta, ni negra, ni de colores
Los tonos primarios habían decidido ir a depositarse en mi impresora , ahora de primera generación.
No había resmas de papel, todas las tenía en mi poder y no pensaba darle ni una.
Venganza!!!
Pen-drive, notebook. Su memoria ya no recordaba aquellas cosas.
Y justo hoy, 15 de noviembre del año en curso , el tan afamado años atrás, sufre una descompensación de salud más que importante.
Qué pena no habían autorizado la compra de oxígeno, de adrenalina, de …
-por falta de presupuesto señor, según me dijeron en administración, contestaba la farmacéutica del lugar.
-Qué pena, dije en voz alta ante quien correspondía.
-Qué pena ,dijeron 2 o 3 amigotes del mencionado personaje.
-Su pulmón derecho , el del lado contrario al riñón extirpado, ya no funcionaba.
-Oxígeno, oxígeno, oxígeno. Cada vez era más tenue su voz.
En estos momentos en donde la vida se le empezaba a apagar, será que este crápula se habrá acordado cuando allá por el 2008 a mí se me ocurrió sacar a la luz la casi falta de oxígeno y me quiso sumariar.
Pasé por al lado de su cama.
Lo miré.
Me miró a manera de súplica.
Con una sonrisa fingida le dije – falta de presupuesto dicen, y no repiten de decir: falta de presupuesto.
Imbécil! todavía no entendés que el presupuesto en salud no puede existir.
Me importa un carajo el presupuesto. Me importa la vida de los pacientes.
De los pacientes dije, de vos no me importa nada.
Y no sé si fue la divinidad, la vida o el azar lo que hicieron que ante mí exhalara su último suspiro de vida.


GBA
22-10-08

C9 - venganza - Klein

Muchos años de rencor y odio que recién ahora podía empezar a desandar.
Desde hacia un tiempo no podía dejar de pensar en otra cosa mas que en aquella venganza que la mantenía viva desde ese día en que lo encontró durmiendo, con la otra, con ella, con la innombrable, Esa, a quien conocía pero que no se atrevía a permitir que existiera.
Pero el episodio fue simple , ella abrió la puerta y lo encontró a él durmiendo con la innombrable.
El ruido lo despertó . Salto de la cama y se vistió de un salto
Las excusas eran imposibles. El dolor que ella sentia era sofocante.
Ahí quedo la historia. Esa fué una mas de todas las situaciones en las que se había encontrado expuesta. Tal vez esta fue la última que impulso a la gestación de aquella venganza. Una venganza traducida en un plan que desde hacia un tiempo largo venia pergeñando con lujo de detalles.
Si bien hacia años que había dejado de ser su pareja, nunca habia abandonado aquella venganza pensada en noches de llanto y dolor y que a ella le proporcionaba el alivio a ese sentimiento tan devastador que siente quien fue victima de una infidelidad . Tal vez porque se siente que la confianza se derrumba y de eso no hay retorno.
En fin, habia llegado el momento de actuar aquella venganza.
Empezaba con una llamada. Tan solo una llamada en la que lo invitaba a tomar unas cervezas, en honor a aquel amor que se habían tenido en aquellos años.
Imposible que el actor en cuestión, no acceda, ya que semejante personaje solo necesitan que se los tenga en cuenta para que se comporten tal como una se lo propone.
Obviamente estuvo de acuerdo, se reunieron en La Viela , en pleno barrio de Recoleta .
Un buen escote, una pollera corta y listo !
Después solo habia que esperar el desenlace.
Una llamada, unas horas antes a quien era ahora su esposa y la madre de sus tres hijos.
Tan solo tres palabras _ Alejandro esta ahí_-
En menos de media hora , la situación estaba consumada, su mujer los encontraba in fraganti, él se sentia estafado, la esposa traicionada y ella feliz de haber provocado tantos sentimientos desagradables.
Esta vez él era quien sufria por las tantas veces que ella lo había hecho. La venganza estaba consumada.

C8 - MICROCUENTOS - KLEIN

MICROCUENTOS

Tal vez nunca pensó cuanto la extrañaba, tal vez nunca le dio importancia
Quizas tanto le habían exigido para que no fuera ella misma, no sintiera, no expresara que termino creyendo que asi era vivir.
Todo sucedió en una tarde, todo dicen que fue inesperado.
Si , inesperado, cruento, doloroso y sepultado , pero así fue.
Y eso era lo que Victoria sentía estallar en su corazon.
Ahora lo tenía claro, ese dolor punzante que la haba acompañado y que ella sistemáticamente había tratado de desestimar, eso era dolor de muerte. De muerte materna.


Con el diploma en mano sentía que la vida le hacia un guiño.
Habían sido muchos años de sacrificio. Pero todo casi siempre tiene una recompensa.
Lo contrataron en una de las mejores empresas con base en New York.
Sin dudarlo un segundo acepto el cargo de director ejecutivo.
Se instalo en la gran mazana.Al dia siguiente cayeron las Twin Towers y con ello su cargo de director ejecutivo


Despertó como todas las mañanas, pensando que el día era una dicha. Que el amanecer era un privilegio.
Preparo los desayunos, pinto el paisaje de mar que hacia tiempo estaba esbozando.
Se entrego a pleno al disfrute de los pequeños momentos.
Tan solo una llamada telefónica fue lo que provoco toda su vida.
El test de embarazo le habia dado positivo.


De pequeña intuyo que su vida iba a ser diferente a lo que le habian contado.
Su madre se habia cerciorado bien de que asi lo fuera.
Se desperto aquella mañana, se vistio para la ocacion y salio a escena
Bailo como nunca y como siempre . Sintio por primera vez que su cuerpo le pertenecía
Esa tarde fue consagrada como mejo bailarina del ballet del Teatro Colon



Caminaba tomada de la mano de la mano. Tenia tan solo cuatro años. Lo recuerda con tanta nitidez.
Iban bordeando una calle arbolada bajo un sol fogoso que comenzaba a hacerse sentir.
La desperto el llanto ahogado de su papa. Su mama ya no estaba más.



No podía leer, no podía escribir.
Estaba como maniatada, su cabeza no se posaba en nada ni en nadie
Sonó el timbre, corrió hacia la puerta y recibió el telegrama que le anunciaba con muy pocas palabras, que a partir de ese momento , su vida se transformaba en un cuento de hadas

C8 - microcuentos - Bea

De chica siempre le fascinó el mar. Sumergirse en esa inmensa masa de agua salada en continuo movimiento era la forma de sentirse libre.
Después creció y sufrió empleos que la desgastaron. En ellos soñaba en el mar como otros sueñan con la libertad.
Hoy acaba de renunciar al último de esos empleos. Y esboza una sonrisa cuando escucha en una radio al pasar que una inmensa masa de agua salada avanza sobre Buenos Aires desde el sur.

C7 - El Profesor

El Profesor

El jueves de Faure fue la primera y ultima vez que lo conoci. Aunque tuve la sensación de haberlo visto antes.

Durante un rato largo estuve averiguando de donde lo sabia.

Su rostro gris, delgado, casi de comic. Su anatomía flaca, desaliñada. Llevaba un abrigo tan grande que podíamos entrar todos los del taller, un abrigo triste opaco.

Se le veía molesto nervioso, parecía tan incomodo que su molestia interrumpió bruscamente el banquete. Vino puro de todos los colores de un exquisito sabor, unas delicias hechas con manos de abuela y no puedo dejar de mencionar sin que se me haga agua la boca unos sandwichs dignos de tal banquete.

En ese clima amistoso Gustavo le pregunto si se iba a quedar en el taller. Nos asustamos con su rotunda negativa pero no nos importo en ese momento porque era impensado que alguien quisiera dejar nuestro taller.

Sin mas salió del salón seguido del coordinador que entendió bien, no estaba tomando vino blanco.

Todo se veía tan misterioso, silencioso, cerrado.

Que le estara confesando? Que susurrara con tanto sigilo?

Sera el costo del taller?

Seran los compañeros indignos en juerga?

Con el vino entre nosotros fue mas divertido hace de él un relato.

Varios días después segui meditando en él y me apeno que haya decido no venir porque se estaba perdiendo algo bueno.

Gustavo nunca nos conto que había pasado pero al pensar otra vez en el profesor me fui a mi niñez a los dibujos animados que veíamos solo un rato a la tarde.

El profesor Locovich quiso hacer una pausa en las carreras para venir al taller pero se le complico y tuvo que regresar. Compromisos ineludibles. Estaba inventando un nuevo accesorio para su Auto convertible y asi poder ganarle a Pierre.

C8-Escribir microcuentos ( x Graciela)

C9- ESCRIBIR MICROCUENTOS.(Graciela)


1-Cada martes por la tarde se juntaban las ancianas María y Julia a tomar el té.
Ambas disfrutaban de fotos viejas , de historias de su adolescencia, de música llena de recuerdos.
Todos los martes Julia iba a la casa de María.
Cuentan por ahí que ese martes de Noviembre María no fue a la casa de Julia.
Ese día sepultaban a Julia.
Y a la casa de María llegaba una corona de flores enviada por el hijo de su anciana amiga.

2-Junto a la tumba de Julia lloraba Manuel, su hijo.
A pocos metros de allí, en la tumba de María colocaba unas bellas rosas Griselda ,su hija.
Se vieron por primera vez, caminaron juntos por el cementerio.
Entre ellos nació una amistad.
Todos los jueves compartían un taller de pintura.
Un día Griselda faltó. Manuel también.
Alguien dijo que repitieron la historia de sus progenitoras.

3-Alberto fue al taller a buscar algunas de las pinturas de su padre Manuel.
Julieta se presentó en el lugar para recoger las pertenencias de su madre.
Se conocieron, se vieron ,se amaron.
Cada uno siguió su camino.
Ambos volvieron a verse muchos años después cuando la hija de Alberto y el hijo de Julieta se casaron en la Parroquia Presentación del Señor de Saavedra.

4- Después de algunos años los recién casados se divorciaron.
Y al fin se rompió definitivamente la historia de Julia, María, Manuel, Griselda, Alberto y Julieta.
Me pregunto si por alguna calle de Saavedra andará dando vueltas el alma de alguno de ellos para reencontrar su destino.

C8-Escribir acerca de algo vivido que nunca lo contamos

C8- Consigna: Escribir sobre algo que hayamos vivido que nunca le contamos o contaríamos a nadie. ( por Graciela).




Corrían los años 70 y algo más.
Cuando pasó lo que pasó.
Mi abuelo materno era un gringo bien gringo. Hijo de italianos venidos al país casi al principio del siglo XX. Nació en el mes de julio de 1901.
Sus ojos eran tan azules como todos los mares juntos, hermosos, bellos.
Nunca volví a ver unos ojos de ese color tan cielo, tan mar en calma.
Francisco era su nombre, pero todos le decían Félix, don Félix.
Según me contó mi madre, la abuela en realidad quería llamarlo así, pero por esas cosas que pasaban en los pueblos del campo, se dio que se llamara Francisco en lugar de Félix.
Igual para poco sirvió. Porque él era el abuelo Félix, don Félix, papá Félix.
Nunca quiso que lo tuteáramos.
-Eso es una falta de respeto, nos decía.
Ni sus seis nietos, ni sus tres hijas, ni la abuela Irene, entendían su filosofía del respeto.
Pero igual “lo respetábamos” y lo tratábamos de USTED.
Mi abuelo paterno, era distinto, no pensaba igual.
Claro, don Pedro siempre vivió en la ciudad.
El abuelo Félix era del campo, bien del campo.
-El mejor para las matemáticas, decían todos.
Mi madre y mis tías aún hoy lo repiten. El abuelo resolvía la más compleja cuenta numérica de la forma más rápida y de la operación matemática que le pidieras.
A veces me pregunto si mi atracción hacia esa materia la habré heredado de él.
Era un gringo corpulento, con mucho cabello cano, manos enormes.
Y sus ojos tan azules, como nunca he vuelto a ver. Esto ya se los conté.
Un día de febrero de esos 70 y algo más, estaba yo en una habitación de mi casa.
Creo que leyendo, tranquila, sin nadie alrededor.
Y no sé, oí algo dentro mío, si oí, digo bien, no sentí.
Oí una voz que me dijo:- Mañana tu abuelo se va a morir.
Que pensamiento tan extraño, me dije.
No entiendo nada, qué significa esto, pensé.
Salí del cuarto.
Me fui a la cocina donde estaba mi madre. No le conté nada.
Cómo iba a contar semejante locura, semejante pensamiento.
Mi abuelo, ya viudo, vivía a unas cinco cuadras de casa.
Todas las tardes con mamá y mi hermano íbamos a visitarlo un rato.
Su casa era la más linda del pueblo y creo que aún lo sigue siendo. Lamento tanto que ya no sea de la familia.
Cuántos recuerdos escondidos ahí dentro, cuántas travesuras, cuántas risas, cuánto calor a familia.
Y esa tarde del 26 de febrero de ese año del que les hablaba, cuando estábamos llegando a la casa del abuelo Félix, una vecina se nos acerca y nos dice que el abuelo está tirado en el parque.
Salimos corriendo y sí: Ahí estaba.
Con la tijera de podar en su mano derecha, tirado en el suelo, los ojos semiabiertos.
Alguien salió corriendo a buscar a la única enfermera del pueblo.
Mi madre, la vecina y yo lo llevamos como pudimos hasta su habitación.
Qué pesado que era su cuerpo, ahora más que nunca.
Llegó la enfermera.
El ahí tendido en su cama, ella tratando de reanimarlo.
Yo miraba desde el pie de la cama.
El abuelo no volvía en sí.

Ya más no recuerdo.
Seguramente después llegó la ambulancia, mis tíos, mis primos.
No lo sé.
Sólo sé que ese día mi abuelo murió.
Nunca me animé a contarle esto a nadie.
Siempre cargué con esa culpa.
Mi cruz es si mi pensamiento atrajo a la muerte.
Pero, si yo no pensaba en ella, a los dieciséis años no se piensa en ella.
Y tampoco me animé a contarlo porque temía que pensaran que estaba loca, que alucinaba o inventaba cosas de jóvenes.
Lo raro, es que hoy con mis más de cuarenta años, tampoco me atrevo a contárselo a nadie.
Sólo quien esté leyendo esto conocerá mi secreto, mi duda, mi confusión.
Y al final sólo recuerdo los ojos azules, tan azules.


GBA-05-10-08