C13 - Suspenso - Graciela
"Esta noche es sólo para mí", pensó.
Todos duermen en casa. El perro dejó de ladrar hace un rato. La tortuga ya se acomodó en su rinconcito preferido del parque. A sus pies está sentado Francisco, un gato gordo y perezoso. En el invierno era un acolchado confortable, en el verano le venían ganas de pegarle una patada y mandarlo al patio, al living, al mundo. La tranquilidad es plena.
"Bueno, y ahora qué..."
Se sentó en ese sillón confortable que le regaló un amigo hace unos años. Era su preferido, de color negro y con rueditas que se deslizaban torpemente emitiendo un chirrido. Solía leer a solas hasta muy pasada la medianoche. Solo. Sin más compañía que ese felino y ese ruido extraño, el de siempre, el que empezaba a hacerse sentir justo en el momento en que en la casa todos dormían menos él. Al principio lo aterrorizaba, ahora sólo lo distraía. A veces lo atemorizaba. Sería la vecina, suele hacer ruidos extraños, dicen que restaura muebles antiguos .Podría provenir del freezer, sonaba a hielo formándose. Lo remontaba a su infancia y ese correr del viento frenético entre los árboles. Lo esperaba cada madrugada como se espera el trueno ensordecedor después de la luz del rayo. Era penetrante, perturbador, indescriptible. Lo asustaba tanto como un tiro que escuchó en su niñez. A veces sonaba abrumador, a veces sigiloso. Esteban se mueve en su sillón buscando una posición confortable.
Cada vez que sale de su escritorio y enciende una de las luces el ruido cesa. El hombre logra meterse en su lectura. No pasan más de dos minutos, y el maldito de vuelta ahí. Trata de afinar su oído para percibir de dónde viene exactamente. Le resulta difícil. La puta, no se puede concentrar. Ese ruido lo está volviendo loco.”¿Por qué sólo de noche?” “¿Y durante el día qué?” Era evidente que alguien quería perturbar su psiquis. Todo era raro: el gato abandonaba sus pies, desaparecía de escena, el ruido se hacía más penetrante.
Alguna vez despertó a su esposa, quería saber si ella podía escucharlo. A pesar de sufrir de insomnio la respuesta de su mujer siempre era negativa. Dicen que los muebles suelen crujir en el silencio de la noche. Pero, éste no era ruido a madera muerta. Éste tenía vida. Pasaron dos, tres meses, y todo igual. Esa percepción a la noche cuando todos dormían. Hasta casi decide dejar de pasar esos momentos a solas. Lo estaba invadiendo el terror. El ruido provenía de la casa, sin lugar a dudas. Pero, debía descubrir qué era aquello. Estaba dentro de la casa. Nadie más lo oía, ni sus hijos, ni su mujer, ni la agria de su suegra cuando venía de paseo. El maldito ya formaba parte de sus noches. Tendría que compartir ese momento suyo con su libro elegido y con el misterioso ruido. Pero, ¿Hasta cuándo? Toda la vida. No lo soportaría. Hasta pensó en mudarse de esa casa. Pero le había costado encontrar una propiedad cómoda, en un barrio tranquilo y además mucho sacrificio para pagarla. En sus momentos de insomnio elegido hasta pensó en traer a un exorcista, dicen que a veces da resultado. “Pensamientos ridículos”, se decía.
Resignado ante esta situación recurrente, Esteban se dispuso a leer la novela elegida hacía varias semanas. Y sí llevaba tiempo con ella, la perturbación era constante por lo que la lectura se hacía lenta, tan perezosa como el gato de la casa. En su escritorio solo. Se distrajo mirando la mancha de humedad que aparecía encima de la biblioteca, formando una figura similar a un dragón.
Todos dormían. Excepto el gato. Estaba en la cocina, muy despierto. Se acerca al animal y lo ve agazapado, sobre una rata negra y grande. Esa rata peluda, con esa cola larga le produjo náusea. Sintió vergüenza al asustarse de modo tan particular por la presencia de ese bicho. Le vinieron a la mente unas ratas diminutas, recién nacidas, con sarna, que había visto en el fondo del terreno de su casa, cuando era niño. Animal escurridizo sin igual. Hubiera emitido un grito desgarrador. Pero todos dormían y encima la suegra iba a pensar que era medio marica.
Lo extraño de esta situación es que el gato, cretino y sucio, en lugar de estar atacándola estaba viviendo con el bicho esa situación .Ese era el ruido!!! El gato de mierda y la puta de la rata. Era como le había contado su amigo Rafael, en los buques de la marina mercante los felinos desgraciados solían tener romances con las ratas hospedadas en el lugar. Por eso el capitán del barco prefería a los hurones.
Agarró lo primero que tenía a mano, un palo de amasar. Intentó separar a los animales, el pedazo de madera con forma de cilindro resultaba chico y lo único que logró fue romper ese jarrón chino que le había regalado la madre de su mujer para la última Navidad. Sonrió ante tal logro, si al final de cuentas hacía meses que se lo hubiera tirado a la vieja por la cabeza. El ruido a porcelana rota y desparramada por toda la cocina despertó a toda la familia. La esposa apareció con la máscara facial, los ojos medio cerrados, tambaleando y casi se desmaya ante tal espectáculo. El hijo de 15 años intentó intervenir, le divertía la escena, pero su dulce abuela materna lo tomó de un brazo y lo inhibió. Al final apareció la hija, con los pelos alborotados , pegó un grito tan afinado que más de una vecina, de esas que tampoco duermen durante la madrugada, lo escuchó y dio dos vueltas de llave a la puerta de la casa. Todos mirando desde lejos, no podía temer a un bicho espantoso, asqueroso como ese. Había visto cosas más desagradables cuando tuvo que embarcar para Las Malvinas en el 82. Claro, pasó mucho tiempo y ya poco recordaba de lo vivido ahí.
Abrió otro cajón del mueble y agarró una espumadera medio rota, la cuchilla con la que cortaba la carne del domingo, la sartén que había quedado sucia de la cena. Con todo esto en sus manos alborotado pegó para todos lados. Tiró todo por el aire, contra los dos enamorados. La rata intentó treparse por la ventana que estaba semiabierta en la parte más alta de la cocina. Antes de lograrlo la cuchilla afilada quedó incrustada en su lomo. Corría sangre de color extraño. La suegra se desparramó en el suelo, un paro cardíaco, una subida veloz de su presión. A la mujer se le despegó la máscara verde, la que le cayó intacta en la cerámica del mismo color. El hijo se acercó a la escena y participó del motín.
La adolescente corrió a su habitación y llamó por teléfono a su mejor amiga para contarle lo sucedido.
El gato se ligó algunos golpes bien merecidos, quedó desmayado contra el rincón del aparador inglés de madera oscura y mármol de carrara.
El felino de la casa, tan tonto como siempre, viviría su vida triste y angustiado. Habían matado a su amante. No se acercaba a Esteban.
Al fin nuestro hombre se liberó del ruido, del gato, de la rata y hasta de la suegra.
Algún libro y la plenitud nocturna volvieron a ser suyos para siempre.
GRACIELA- 22-11-08
02 AM
C 14-Historia paranormal ( x Gra )
Ese jueves era un día común. Regresé del trabajo en mi horario habitual. Se respiraba la primavera recién empezada .Llegué a casa. Hice lo primero que hago cuando entro de la calle, lancé mi cartera, llevaba una de color marrón oscuro. Me descalcé. En el mismo momento en que mi acompañante de viaje fue arrojada con furia sobre la cama, prolijamente armada a la mañana, surgió una voz desde algún lugar de mi interior. Del alma, de la mente, de las neuronas en sinapsis plena, no lo sé. La frase retumbó en mi cabeza. Hoy aún la puedo recordar con exactitud:
“Justo le va a pasar esto a Clara este fin de semana”.
Mi cartera se deslizó sobre la cama con notable desprecio, con bronca. Escapé de mi cuarto huyendo de esas palabras inconcebibles. Clara era la madre de mi amiga Laura, tenía unos 80 años y leves problemas de salud, nada importante. Cosas de la edad. Intenté olvidar esa oración tan ridícula e inoportuna.
El viernes no iría a trabajar, estaba realizando un curso por la mañana. Cuando terminó me subí a algún interno de la línea 15, y al pasar frente al Hospital Militar exactamente a las 13, observé la majestuosidad del edificio. Intimamente me dije que ése sería el lugar donde atenderían a la abuela cuando surgiera algún problema importante.
Ese mismo día a las 17 yo tenía turno con la ginecóloga, estudios de rutina. Fui.
Al regresar, mi hija me cuenta que mi amiga había llamado para avisarme que su mamá estaba internada en el Hospital Militar. Todo en mí se transformó en desprecio hacia esos pensamientos míos anteriores a los hechos. Después que Carolina me dijo del llamado, hablé inmediatamente con mi amiga y efectivamente su madre estaba grave. Todo había sido así de repente, sin avisar. Si hasta ella había ido a trabajar esa mañana. A las 22 el esposo de Laura me dio la fatal noticia.
Al otro día terminé enterándome que la habían internado a las 13, cuando mi colectivo estaba pasando por ahí. Ni las neuronas en sinapsis profunda, ni la mente, ni el alma supieron darme aviso del hecho para que bajara abruptamente del vehículo y entrara al lugar.
El miércoles anterior, dos días antes de la muerte de la anciana, pensé en decirle que me hiciera alguna de esas agarraderas que ella se entretenía tejiendo.Yo les daba mucho uso en mi cocina. Eran coloridas y prácticas. Solían evitar más de una quemadura al retirar una fuente del horno o alguna olla con agua en estado de ebullición.
Pasaron unos 10 días y Laura me da un paquete envuelto con papel de regalo. Su madre había separado un par de agarraderas para mí dos días antes de morir. Aún hoy las sigo usando y lo extraño es que están como recién estrenadas a pesar de haber pasado tantos lavarropas.
Graciela- 30-11-08
Travesuras ( derecho a réplica) x Graciela
La veo sentada en la confitería “La orquídea” de Palermo Soho, como todos los jueves, día de trampa. La noto distendida, relajada, en paz. Lleva un maletín marrón oscuro. Cabellera delicadamente lacia, de un visible e inconfundible dorado. Una unidad de sus formas dispuestas de una forma sumamente armónica, desde los hombros, sus senos, sus muslos, su todo. Saca de su portafolios un libro, una carpeta, la cartuchera rosada colmada de lapiceras. Estoy sentado en la mesa que está justo frente a la suya. Siempre elijo ese lugar. Al cabo de un rato llega una mujer, será una amiga o socia. Hablan mucho como todas las mujeres. Ella siempre toma una gaseosa light con un tostado. Su amiga no lo sé, no me importa su amiga.
A veces la espera se hace larga. Imagino su profesión :Licenciada en administración de empresas, diseñadora de modas, o guionista de cine. El celular suena demasiado, muchas veces no lo atiende. Yo leo el diario y a través de la parte superior la observo. Es hermosa Sus movimientos son delicados, femeninos, pulcros. Cada vez que el mozo se acerca muestra su mejor sonrisa y siempre le insinúa algo al oído que yo no logro escuchar.
Al fin llega su amiga, su socia, su alguien. “Seguramente tratan temas de negocios”, pienso. Es el 4º jueves que la veo. Esta mujer me transporta, me saca. La sueño casi todas las noches .Recorremos juntos los más lindos paisajes, hacemos el amor en el mar, en el verde, en la luz. Le inventé un nombre: Verónica, no muestra discordancia con su estilo. Luego de dos horas se levanta y se retira, sola o acompañada con la persona que fue a su cita hoy. Ella nunca me vio. Sólo ve sus cosas, al mozo y a la persona con la que comparte la mesa.
Amanece el 5º jueves. Llego temprano al desayuno, Verónica ya estaba ocupando su sitio habitual que da al verde de Plaza Serrano. Y mi mesa ya no estaba disponible. Alguien se había metido en nuestro tiempo. Un hombre delgado y con rulos grises leyendo el periódico y mirándola a ella. Su vista fija en la mujer parecía encantada, hechizada. Me daban ganas de decirle al infeliz que se vaya. Preferí acercarme y preguntarle si coincidía conmigo con respecto a la belleza de Vero. Le conté que hoy me había decidido a dirigirle alguna palabra. Pedirle fuego, una lapicera (tenía tantas). El hombre describe una sonrisa entre irónica y burlona. Es en ese momento cuando emito un grito desafiante y le digo:
“¿Justo hoy tenés que sentarte acá?”.
Todos miran. No entienden que está pasando. Yo tampoco.
Verónica se acerca a la escena y dirigiéndose hacia mí me pregunta si necesito ayuda. Sonrío, vuelo, me pongo rojo desde mi pelo negro hasta mis zapatillas del mismo color. “Te veo siempre todos los jueves, ahí sentado, solitario” me dice. Yo creí desmayar, no podía contener tal emoción y mi presión cayó en picada precipitadamente. Me desparramé por el piso de ladrillos del bar. Al volver a la realidad veo a un médico, al mozo, al hombre y a Vero.
“Todo está bien ahora” dijeron los cuatro.
Verónica me habla otra vez:-Me da pena verte solo todos los jueves, me recordás a mi hijo, juventud con futuro incierto y sin nada en qué pensar.
Es así como caigo en la cuenta que esa mujer nunca tendría ojos para verme como a un hombre. Le dejo grabado la figura de un beso en su mejilla y salgo corriendo.
Nunca más volvió a ese bar, nunca más volvió a su Verónica, nunca más a su mujer imaginaria.
GRACIELA- 30-11-08
C14 - DPV - klein
Alicia saltó de la cama gritándole a los chicos para que se levanten mientras yo trataba de ponerme en sintonía con el día que tenia que atravesar.
No seria un día fácil, hacia meses que venia trabajando este tema en terapia.
Día a día fui dándole vueltas al asunto, así que no podía hacerme más el boludo, ya no tenía mas excusas.
Me serví una taza de café mientras veía a Alicia y a los chicos como una sola cosa pegajosa que hacían ruidos, gritaban, se enojaban
Pero yo estaba en otra frecuencia, de eso no cabía duda alguna
Mientras me duchaba, me debatía nuevamente entre lo que debía y lo que quería hacer.
Ya no me quedaba mucho tiempo, se estaba terminando el año y comenzar uno nuevo en esta misma situación seria sencillamente insostenible.
_Alicia, donde esta la maquina de afeitar? Nunca encuentro nada!!!
Una vez más, me ignoro, como siempre.
Justo en ese momento, cuanto más la necesitaba.
Termine de acicalarme, me miré al espejo y como desde hacia ya un tiempo, la imagen que me devolvió no era la que esperaba de mi.
Todo coincidía en lo mismo. Todo me llevaba a la misma conclusión, Tenia que encarar el tema si o si.
Termine de vestirme, lo de siempre, camisa, corbata, traje azul, medias al tono
Y una vez más me sorprendió nuevamente el espejo, esa imagen que reflejaba no era la mía. Todo se transformaba en indicios que me marcaban que mi decisión era la correcta.
_Listo, me dije, decidido, hoy termino con este asunto.
Le di un beso Alicia, hicimos los mismos comentarios de siempre, las mismas preguntas de rutina, _ a que hora venís? No te olvides de pagar la tarjeta que vence hoy!
Mientras los chicos subían al auto; Saludo de acá, saludo de allá.
Encaminé hacia el colegio mientras iba haciéndole a los chicos nuevamente, las mismas preguntas de siempre , del tipo: hicieron las tareas; que materias tienen hoy ?
Llegué al colegio, los chicos bajaron del auto, besos y chau.
Otra vez comenzaban mis dilucidaciones .Estaba de nuevo a solas junto a mis pensamientos y mis dudas. Otra vez me asaltaban, ellas , que me habían acompañado desde hacia un par de meses; era el momento oportuno para pedir aquello que necesitaba?
Ya no habia vuelta atrás.
Estacione el auto, me saludo el encargado y hasta me resultó sospechoso porque sentía que me miraba con ojos comprensivos.
Mientras esperaba el ascensor, me comentó sobre el partido del dia anterior, le mentí diciendo que no lo había visto, aunque en realidad si lo había hecho, junto con Matias y sus compañeros del colegio. Mentí para no distraerme hablando de otros temas. Necesitaba máxima concentración.
Entre a mi despacho, levante el teléfono y le pedí a Mariel, mi secretaria, que dicho sea de paso estaba muy fuerte, que me organizara una reunión con Cesar, el gerente general.
Aunque sorprendida por mi pedido, me contestó que me lo confirmaría en cuanto lo gestionara.
Si bien no podía dejar de imaginarme su tremendo trasero revoloteando por los corredores, volví a concentrarme en mi objetivo.
Tenía taquicardia y me transpiraban las manos.
Sonó el teléfono, Mariel me anunciaba que Cesar me estaba esperando.
Se me secó la boca y mi estomago quedo detenido.
Mientras me dirigía a su oficina, volví a repetir el pedido en voz alta:
_ Cesar, necesito un aumento de sueldo.
Y fue , en ese momento, que imagine a Alicia y a los chicos orgullosos de mi.
M:K:
C13 - Suspenso II - Luli
Pablo Murió. Florencia, su mujer, es quien le avisa a los más allegados.
Florencia y Pablo se habían casado cuatro meses atrás, después de casi seis años de novios.
Pablo acababa de poner el Bar con el que siempre había soñado y Florencia daba clases de inglés en varios colegios.
Cuando Florencia llamaba para dar la noticia, la oían tan angustiada que nadie se animaba a preguntarle detalles de la muerte. Les pasaba la dirección de la Casa Velatoria, y cortaba agradeciendo que nadie enviara coronas, a él no le gustaban las flores muertas.
Se puso el vestido que le había regalado Pablo el día anterior, agarró la cartera, cerró con llave y se fue.
Su angustia era incontenible. Todos se compadecían de ella y respetaban su dolor en silencio. Todos, excepto Alejandro, el hermano mayor de Pablo, que hablaba alto y se reía nervioso.
La tradición Judía vela a sus muertos a cajón cerrado, así fue velado Pablo.
Llegaron al cementerio pasado el mediodía. El velorio duró apenas unas horas, era innecesario prolongar ese dolor, decía Florencia.
Un gran cortejo llevó el cajón hasta el pozo.
Cayó el cajón y sobre él la tierra.
Florencia dejó caer los párpados y con los ojos aún cerrados respiró con un dejo de alivio.
Pese a todas las invitaciones y sugerencias, Florencia decidió ir sola a su casa.
Prendió la radio del auto y manejó intentando no pensar en este último día.
Estacionó frente a su casa, sacó las llaves de la cartera, pero no pudo abrir.
Había una llave del lado de adentro.
Tocó timbre y abrió Pablo.
Hola, Amor!, dijo Florencia. Tuvimos suerte. Nadie sospechó y él no se despertó.
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C11 - TLND - Luli
Una vieja tradición familiar dice que nadie nunca jamás debe meterse en la cama con la ropa con la vino de la calle.
Eso me dijo la primera vez que nos vimos cuando el sueño, el cansancio, las pocas horas que nos quedaban por dormir y las ganas nos obligaban a acostarnos.
Con las luces ya apagadas me puse incómoda y me metí en su cama.
Nunca antes habíamos estado tan cerca. Así fue que entre la oscuridad y el sonido de la respiración nos empezamos a buscar. El instinto y el deseo hicieron el resto.
Torpes, decididos, confundidos nos besamos por primera vez. Bajo las sábanas y sin ropa, tal como lo indica la vieja tradición familiar.
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Ahora lo hice bien???
C 11-TLND-GRACIELA
Te conocí hace tiempo. Hace un rato no te veía por acá. Estabas lejos, inquieta.
Seguramente entretenida con otros pobres infelices.
Siempre tan insulsa, tan dañina, tan poca cosa.
Te enalteces cuando alguien llora.
Te crees importante cuando otro derrama lágrimas sobre un colchón.
Nadie te pudo eliminar, extirpar totalmente de su vida.
Lo arruinas todo. Desarmas lo ya armado.
Desdibujas las sonrisas más marcadas.
Penetras en las entrañas. Se te siente, se te huele.
Apareces como la náusea del personaje de Sartre.
No hay leyes que puedan abolirte.
No hay reyes, príncipes, pobres o genios que logren librarse de tu presión.
Apareces así imprevistamente.
Oprimes ahí dentro en el pecho, haces doler el corazón.
Intentas robarte hasta el oxígeno.
Te siento con dolor, presiento tu llegada.
Corro, quiero escapar al lugar más alejado de aquí.
Me alcanzas.
A veces logro echarte de mi entorno.
Y la alegría ocupa el primer lugar, y te fuiste.
Sé que volverás en un fracaso, en una decepción, en un amor que no fue.
Regresarás cuando esté más débil, más vulnerable.
Querré hacerte huir, sola no puedo.
Seguro alguien me ayudará.
Y hoy estás, y hoy me ganaste la batalla.
GRACIELA- 19-11-08
C12 - Poema - Alaniz
La primera vez que se acerco a nosotras, inmediatamente percibimos su primitivo saber, casi nulo.
Solo nos miramos y nos dimos cuenta que no hubo más remedio que rezar y sonreír.
Más tarde con el tiempo sus manos ignorantes torpemente aprendieron a cuidarnos.
Ya no estábamos tan solas como la casa vacía.
Su vida nueva era un desafío y nuestra vida nueva estaba por llenarse.
Muchas primaveras le regalábamos el olor de la tierra húmeda, que embriagaba sus pensamientos, nos los decía su rostro.
El pasto recién cortado la ponía de buen humor y el sabor dulce de nuestro perfume floral con ayuda del viento colmaba su espacios.
Aprender a cultivarnos fue duro, por su ignorancia y por nuestro padecimiento, pero al final entendimos algo también, su amor y dedicación.
Un día de enero tuvo que irse, la vimos llorar, la vimos parada frente a nosotras despidiéndose con sus lágrimas y sufrimos con ella.
El destino quiso que nos dejara en buenas manos.
C11 - TLND - Luli
Los supersticiosos se la piden a las fuentes, a las tortas de cumpleaños y cada vez que pasa un tren.
Los tozudos, la buscan donde saben que definitivamente no está.
Los distraídos la confunden con comodidad.
Los negadores la encontraron hace rato y están convencidos que nunca se les va a escapar.
Los enamorados la sienten en la panza y los desenamorados sienten su ausencia en el mismo lugar.
Los pesimistas ya no creen en ella y los optimistas, contrariamente salen todos los días de su casa con la confianza y la seguridad que en algún momento del día se la van a cruzar.
Mi mamá dice que está en sus hijas. A mi papá le cuesta mucho reconocerla. Mi hermana se la dio a su novio para que se la cuide.
Y yo, la confundí con comodidad y la busqué donde sabía que no iba a estar. Lloré del dolor de panza cuando la perdí y hasta desconfié de su verdadera existencia.
Gasté fortunas en las fuentes, y no hubo tren que no cargara con mi pedido.
Hasta que finalmente entendí que no es una constante ni un regalo. No es una recompensa, ni un placebo, no es eterna ni inmensa.
Se trata de momentos, o la suma de ellos. Un beso en el momento justo, un abrazo a tiempo, una película en el sillón, un helado de frutilla, un chocolate con almendras. Su espalda en mi cama, una tarde de sol o una mañana lluviosa, es el momento en que abro los ojos y cuando cierro la boca a tiempo. Es un desayuno en la cama, una caminata con música como única compañía. Es sonreír en silencio y reírse a carcajadas. Es sentir por un momento que todo está bien. Y es mi hijo y es el sonido de su voz cuando dice Mamá.
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C11 - lo no dicho- Klein
La miro a los ojos, como siempre lo hacia y percibio que algo le estaba sucediendo.
En verdad no había lógica, había años, había historias, había muchas miradas
A veces pienso que en la mirada uno escucha del otro, lo que las palabras no logran transmitir .
La tomo de la mano y sintió ese calorcito que ella siempre le regalaba
Era como un estar en casa , estar seguro, estar protegido.
El olor de su piel le trasmitía esa serenidad que el no lograba proporcionarse, ese sentirse en paz, en armonia , ese estar en contacto con uno mismo
Sus susurros transmitían aquello que le era tan familiar como el café de todas sus mañanas.,
No cabia dudas, ese era su lenguaje, el mismo que ambos habian codificado bastante tiempo atrás.
Su respiración era pausada, ritmica, serena, lo conectaba con su verdadero ser, con él mismo, con antes que todo, incluso con antes que él sea quien realmente era.
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El calor de su piel , le resulta tan familiar.
El olor se su cuerpo, su aliento, la textura de su pelo
Todo eso le proporciona paz, proteccion, familiaridad
Es mantener todo detenido, sin ningun vestigio de tormenta
La voz baja , ronca , masculina que relata lo mismo de todos los dias y son las palabras que tranquilizan su alma cuando se pierde.
Sus palabras de amor, su declaración tímida, sus besos ridiculos, graciosos , sinceros.
Sus brazos fuertes , que sostienen, contienen, afianzan.
Rodean , abrazan , aman.
M.K.
C11 - Trabajar lo no dicho - Alaniz
Me pregunto cómo podría hablar de ella sin decirla.
Me pregunto cómo podría elaborar algún texto sin citarla a diario.
Me pregunto como podría usar sus sinónimos si estos no gimen, se callan deslucidos cuando aparece.
He tratado de evitar, rehuir, rechazar y tachar todos los lugares comunes del Universo y sin embargo ellos me acorralan sin piedad ni opción.
He leído libros, enciclopedias enteras, navegado en la red, sin poder obviar llamarla por su nombre.
Podría inventar historias conmovedoras, cuentos fantásticos, relatos intrincados con la ineludible certeza de saber que la estoy nombrando.
Sé que si la nombro me casaré con mi príncipe azul, encontrare el Nirvana o veré el rostro de mi amado al despertar de un hechizo maléfico.
Cuando encuentre su llave quedare atrapada para siempre.
Si cocino su receta será un postre empalagoso, dulce.
Al decirla venceré a los malos villanos, despreciables seres que destruyen todo a su paso.
Cuando mis labios la pronuncien se descontrolaran mis emociones y la locura poseerá mi razón.
Cuando mis ojos la vean terminare ciega.
Cuando mi mente la entienda no necesitare mas terapia.
Cuando mi corazón la abrace estaré en el cielo.
Cuando mi cuerpo la reconozca el goce será infinito.
Esta emoción se ha escurrido de mis palabras como de mis lápices y mi vocabulario, se desvaneció entre mis hojas y se marchó sin dejar aviso.
Lo único que me dejó es un pasaje sin retorno a los ineludibles lugares comunes, ni boleto de regreso.
C 13 - Suspenso - Gaby
Sacó el boleto y se preparó para dormir su cansancio después de un largo día de trabajo y estudio aprovechando el largo viaje hasta Glew.
Recibió un mensaje de texto, era su hermano, no podría esta vez ir a esperarla.
Bueno, no es ni la primera ni la última vez, pensó y se quedó dormida.
Se despertó justo en la parada. "Estoy programada", pensó y se felicitó.
Se bajó rápidamente y comenzó a caminar las ocho cuadras hasta su casa. Nadie en la calle.
Era tarde, la gente cenaba o dormía o miraba televisión.
Los perros se alborotaban cuando ella iba pasando.
Se sintió inquieta y con ganas de llegar. Apuró la marcha.
De pronto le pareció sentir una presencia y unos pasos tras ella. Cuando se dió vuelta, no vio a nadie, pero las sombras de los árboles parecían agitarse bajo los faroles.
Sintió un nudo apretado en la garganta. Qué hacer?
Tocar el timbre en alguna casa? "Todo el mundo tiene miedo" pensó, "nadie me va a abrir".
Avanzaba cada vez mas rápido. Cada vez se apuraba mas. Cada vez le parecía que estaba mas lejos.
Varias veces se detuvo con la impresión de que alguien caminaba tras ella y cada vez le pareció
que los pasos se detenían en cuanto ella lo hacía.
Ya casi corriendo por fin llegó a su casa.
Introdujo la llave. La llave parecía bailar en la cerradura, no podía abrir.
Miró atrás suyo. Alguien apareció finalmente y se mostró.
Lanzó un grito: "Boludoo!!!!" "Por qué me hacés estas cosas?"
Su hermano, desternillandose de risa sólo le dijo: "Qué bueno, cómo caíste!!!!!"
C12 - TLND - Gaby
"La Trampa de las palabras"
Se acercaba el momento en que la diva, ausente apor varios años de los escenarios, haría su reaparición.
Había gran expectativa entre sus seguidores y los amantes de la ópera en general.
Se encontraban atentos críticos, amigos del teatro Colón, turistas, curiosos, todos expectantes.
Finalmente hizo su entrada magnífica la gran mezzo, Bulcamara Pritzi.
Todos reconocieron en ella a la famosa walkiria, Brunilda. Su traje, su voluminosa figura,
todo en ella era imponente.
Cuando empezó a cantar, todos coincidieron en que había un sólo adjetivo, una sola palabra para calificarla, la misma que se pronunciaba cada vez que cantaba en los grandes teatros del mundo.
Un murmullo contagioso recorrió la sala con esa palabra en la que todos coincidían...
C13 - Suspenso - Luli
Perfume
Comenzaba su recorrido por los más vendidos, daba una vuelta por el sector infantil porque le divertía ver las ilustraciones pero, aunque nunca compraba nada, siempre terminaba en la sección auto-ayuda. Horas después entendería por qué.
Ese día se sintió observada, hostigada, sintió que alguien la seguía.
No le gustó esa sensación y se fue. No quiso mirar ni hacia adelante ni hacia atrás. Miró hacia abajo, y así cruzó Santa Fé. Con más miedo de ser atrapada que atropellada.
En un acto de arrebato, entró al shopping buscando escapar. Sabía que la perseguían, lo sentía cada vez mas cerca.
Intentando distraer y distraerse, entró a una zapatería. No había zapatos de su talle. Preguntó el precio de una cajita de música en una casa de chucherías y se compró un chocolate en el kiosco. Entró en una juguetería y ya aliviada sintió que había engañado a su perseguidor y se puso a jugar a los espadachines con un nene que le sonrió.
Cuando finalmente estaba distraída, sintió que le agarraban las manos y se las ataban en la espalda. Un tirón de pelo le sacudió la cabeza. Pensó que le taparía los ojos, pero no, le irguió la cabeza. Le rodeó su cuello con el brazo y sintió que el perfume que usaba le era familiar. Quiso recordar quien lo usaba pero enseguida se empezó a sentir asfixiada y con ganas de vomitar.
Así bajaron las escaleras mecánicas y salieron a la calle. La gente alrededor miraba, se hablaban entre ellos, se movían, pero no podían hacer nada.
El pánico no paralizó sus movimientos, pero sí le cortaba la respiración.
Sin poder verle la cara aún, la arrastró hasta un edificio. Tocó timbre en el 1ro. C y una voz cómplice preguntó quien era.
Luciana, respondió. “Hoy tengo mi primera sesión”.
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C11 - lo no dicho- graciela
Tu mirada va más allá de todo, traspasa los cien vientos y las ruinas ocultas.
Te tengo conmigo desde siempre, desde hace miles de tiempos.
Muchos humanos hermanados no se atreven a dejarse cautivar con tu aroma a seda cristalina.
Sos la risa constante, el porvenir hecho cierto, el río y su frenético caudal, la vida y su amor implacable.
Algunos incrédulos se burlan de tu modo de mirar el andar .
La impaciencia perseguida por la angustia de estos días, adoptaría la lupa más omnipotente para poder verte, aunque sea por menos de una medida de tiempo.
Y ahí estás, expectante, al acecho de toda criatura con un corazón que se abra y no se cierre en su emoción.
Naciste con la humanidad en los primeros minutos de la edad.
No morirás, aunque se desencadenen hostiles torbellinos flotando por entre los hombres.
Si quisieran destruirte deberían hacerlo con algo más grande que el ser Mega creado por Voltaire.
La brecha entre vos y tu antagonista es tan amplia, como la distancia de los soles a las tierras.
Tu esencia es la vida hecha vida, el nacimiento al nacer, la luz recién engendrada, la multitud hecha una.
Caminas con pasos nuevos de olor a verde profundo.
Miras con pasiones de dementes cantando tangos en una esquina de París.
Gozas ser: en la fervorosa polvareda que levantan los caballos al correr y en una mano puesta encima de otra, apretadas en un engranaje perfecto.
Tu olvido hace a mis congéneres desvanecerse ante las tempestades descoloridas y tenues.
Sos mi regalo primero, aliviador y perseverante, hacia todo ser que se mete en al andar de mi camino viviente.
El optimismo para mí es más sol que el sol mismo, más canción que el himno, más que el llanto del que recién nació.
GBA-01-11-08
Clase 10 - Aullido - Por Gabriela
Por ahora con prudencia.
No quiero alarmar a nadie.
Cuando percibo que empiezan a escuchar, me callo.
Por ahora consigo dominarme.
Planifico un aullido carnasivo, penetrante que va ensordecer a todos.
Ese aullido tapará todo murmullo, conversación música o nada.
En el mundo habrá un antes y un después.
Los malvados correrán desesperados, se tirarán por las ventanas, cruzarán avenidas corriendo, llegarán hasta el Riachuelo y se hundirán en él.
Los buenos correrán a abrazarse para poder soportarlo, y lo lograrán.
No es a mí a quien deben reclamarle por tal aullido, sino a los que lo provocaron:
Los que no me cuidaron, no me entendieron y sobre todo, no me amaron.
C10 . version corregida del aullido - klein
Heridas rojas abiertas hasta lo profundo
Ojos helados, sin vida , llorando
Llorando por el ayer, llorando por el hoy
Filos de cuchillos que brillan destellantes y desafiantes
Pero no matan y no mueren
Espinas que duelen con solo mirarlas
Ciudades enteras pobladas de muerte y de guerra,
De pestes y miseria,
Niños llorando, niños huérfanos, niños con hambre
Huracanes que azotan costas, azotan almas, azotan vida
Humanidad desvastada…
Pozo profundo de tierra seca donde no hay más vida que la nada
Aullidos de dolor, aullidos de desesperación que se desdibujan el desierto
Savia que fluye desde el centro de la tierra
Y da vida, tanta vida…
Jardines de rosales y jazmines
Jardines de malvones y nomeolvides
Calorcito de fuego de leña , de chimenea de un domingo lluvioso de julio
Risa desesperada, risa de travesura, de descontrolada carcada
Risa que se escucha desde lejos y tapa los llantos ahogados de el pasado
C10- Tuve que pensar - Aullido - Alaniz
Tuve que pensar en aullar, que loco no?
Pensar reitero, no será un aullido natural, carnal, visceral,desgarrador como el de Allen.
Me sentí presionada, sentí que tenia que volver a un sitio en el que había instalado mi carpa piquetera junto al 99% de nosotros y que me costo salir, tanto que cualquiera hubiera pensado que era el paraíso, la perfeccion.
Un lugar bello y pleno como cuando vamos de vacaciones y acostumbrados ya no queremos volver.
Que loco no?
Me fastidia volver a ese sitio quejoso, no me gusta.
Me enerva tener que recordar viejas cuestiones que ahora descansan archivadas y ordenadas en una estantería de mi vida con en una oficina.
Revolver papeles, me hace estornudar, me provoca alergia, me estufa porque luego hay que juntarlos otra vez.
Y para que me pregunto yo?
Sere mejor escritora si logro este aullido? Capaz.
Si me convenzo y comienzo a aullar podría decir que mi libro de quejas tiene infinitas paginas.
Me podría quejar desde todos los angulos posibles. Desde todas las visiones, posturas,teorías, filosóficas, psicológicas y hasta científicas. Empezando por mis padres y tal vez terminando con mis hijos. Y ni hablar de cada uno de los mezquinos gobiernos de turno que se aprovecharon de nuestra memoria y nos dejaron en la bancarrota económica, de progreso y de conciencia ciudadana.
De los chantas que a diario nos cruzamos, de los explotadores que tratamos amablemente. De los degenerados que son protegidos mientras ellos devastaron las vidas de los otros. De los amigos que no lo son y nos decepcionan, del implacable paso del tiempo que de a poco correo nuestro cerebro sin poder hacer mucho.
Me podría quejar también por que no, de mi misma en presente, de mi super-recontra exigencia perfeccionista que presiona mis tiempos para hacer millones de cosas y todas ellas impecables. De querer resultados inmediatos y no dar lugar al proceso que la naturaleza dispone para cada uno de nosotros.
Pero hoy quiero dejar de aullar, ese chillido tibio, ahogado y me permito levantar mi carpa piquetera no sin haber dejado cono buen acampante alguna que otra bolsita de miserias tirada por ahí.
C6 - escritura sensorial - por Gabriela
Cumplo siempre el mismo ritual. Si es temprano sé que voy a poder ver al sol como un disco rojo entre los edificios. Si es temprano voy a verificar su presencia. Si no es temprano sé que ese mismo sol ya habrá dejado de verse así y la intensidad de luz entre los objetos va a ir aumentando. En especial entre las plantas.
Sé que Reina probablemente se acerque moviendo la cola a saludarme, a lo mejor ponga su cabeza entre mis rodillas y yo la acaricie de la cabeza a la cola sintiendo la suavidad de su pelo blanco y largo. Al rato aparecerá Chaplina seguramente, y se frotará contra mis piernas, toda arqueada, si se le acabó la comida, me mirará con sus ojos increíbles de un color amarillo verdoso y lanzará un maullido lastimero de gata abandonada y sola en el mundo. Las miraré juntas, si se quedan al menos un instante, pensando lo bien que combinan una perra blanca- blanca y una gata blanca y negra.
Es probable que salga al balcón si no hace frío y el aire fresco y limpio –en especial de los domingos- me refresque por dentro, y me ponga a escuchar, no ya el ruido del tránsito de la semana, sino los pájaros –muchos- que andan reconociendo el terreno y estirando las alas. Después, entrar el diario, hacer el café, calentar el pan, y llevártelos a la computadora, donde hace rato estás como un director de orquesta país a país dándole vida a las noticias del mundo.
C1 - Bradbury . por Gabriela!
Pamela –de siete años- se apuró a bañarse después de la cena. Sus padres habían salido, su hermano –agotado después de jugar al fútbol toda la tarde- ya dormía, su hermana se quedaba en lo de una amiga.
Parecía imposible tanta felicidad.... Su abuela –Pola- en este viaje, para ella sola! Esta vez su hermano no aparecería para interrumpirlas y su hermana no distraería a su abuela para contarle una vez mas que pensaba ser médica, como ella.
Se puso el camisón rosado, largo. Pola la esperaba en el sillón grande, al lado de la calidez de la lámpara de pie. Terminó de secarle el pelo y de peinarle el flequillo.
Ya está. Empecemos, dijo.
Y empezó, empezó a leerle los cuentos de siempre.
Aunque Pamela, en primero superior, ya podía leer bastante bien sola, escuchar los cuentos leídos por su abuela tenía otro sabor. Así fue que le leyó el cuento de la muchacha que no pudiendo dormir sobre veinte colchones porque debajo de todo había un guisante demostraba ser una princesa y, pasada esta prueba, se casaba con el príncipe.
Luego, el del sapo que recuperaba su principesca figura cuando la princesa le daba un beso, y por supuesto...se casaban. Y también el de la joven que se pinchaba un dedo por intervención de una bruja mala y se dormía hasta que un príncipe le daba un beso, entonces ella despertaba y ...por supuesto, se casaban!
Pamela aplaudía y se sentía feliz por los protagonistas de estos relatos, donde aparecía el Amor.
La abuela dejó para el final la historia de una nena llamada Alicia.
En el viaje anterior, se la había leído por primera vez y Pamela había quedado casi sin respiración escuchándola.
Había algo diferente, que la desconcertaba en esta historia.
Princesas sobre colchones que no podían dormir por un guisante, sapos que se transformaban en príncipes, etc. etc.... todo esto era posible, sin duda, pero las cosas que le pasaban a Alicia parecían demasiado graves, especialmente tratándose de una nena, igual o poco mayor que ella.
Las lágrimas caían silenciosamente de los ojos de Pamela cuando Alicia atravesaba dificultades terribles y aplaudía deleitada cuando las iba superando. El libro tenía tapas duras y un dibujo en colores donde se veía una nena con un vestido largo con cinturón que seguramente ataba con un moño atrás, un poco parecido al delantal que ella usaba para ir a la escuela.
Admiraba el carácter decidido de Alicia porque se atrevía a preguntar sobre lo que no entendía y superaba el temor que le inspiraba la Reina de las Cartas.
La abuela también parecía tener una conexión especial con esta historia. Pamela se daba cuenta porque cuando la leía no despegaba los ojos del libro, no interrumpía para mirarla ni para preguntarle si estaba cansada.
Pamela escuchaba el relato con los ojos cerrados. Pronto llegó el momento esperado. Quería saber si se repetiría lo ocurrido la primera vez. Y si, volvió a ocurrir!
La abuela leyó:
“....poco después la mirada de Alicia se posó en una cajita de cristal que había bajo la mesa... encontró un diminuto pastelillo en el que se leía la palabra “cómeme”... Dio un mordisquito...”
Pamela sentía que sus pies y su cabeza se separaban velozmente y que sus manos ya no estaban apoyadas en el borde del sillón. Ahora para tocarlo tenía que arrodillarse...
Ya era la madrugada. Los padres de Pamela regresaban. Al acercarse percibieron algo extraño que no podían definir. Las ramas del paraíso producían sombras sobre la casa y no dejaban pasar la luz del farol de la calle. Osvaldo se sintió alarmado, aceleró para recorrer rápidamente la cuadra que faltaba produciendo un fuerte ruido de motor y frenando bruscamente al llegar.
La abuela percibió la cercanía. Leyó con la velocidad de la que sólo ella era capaz, y hasta se vio obligada a saltear algunas frases. Alicia encontraba el frasco salvador con el letrero “bébeme” que la haría achicarse nuevamente.
Pamela recuperaba así su tamaño habitual.
Osvaldo y Helena subían desesperados la escalera hasta la planta alta.
Por suerte, todo estaba en orden. Pamela dormía plácidamente en los brazos de la abuela, que también dormía.
C9-VENGANZA(por Graciela)
Nuestro personaje siniestro, repelente y soberbio hizo de las suyas hasta este día.
Día en el que la divinidad, la vida o el azar hicieron que su suerte cambiara.
Y ella no tuvo mejor idea que hacer un giro de 180 º exactos.
El ángulo de su trayectoria siempre había sido llano.A partir de aquel día sería llano también, pero iría en sentido contrario.
Se sentía perdido el muy infeliz.
Siempre en la misma dirección, y así de golpe, si como Lucifer hubiera metido un cacho de su cola , le cambiaron la vida.
Su risa irónica se opacó.
Su caminar lento y despreocupado se aceleró ante un impulso desconocido y superior.
Ese muchachito que conocí cuando recién cumplía sus 22 años, ahora ya estaba cerca de los 45.
Peinaba canas desde hacía bastante tiempo.
Una de sus piernas se estaba acortando. Nadie decía el motivo.
Alguna vez le habían sacado un riñón y además padecía de hepatitis C.
Ya desde joven desayunaba con vinagre de vino putrefacto. Otra cosa no podría explicar su cara amarga como hiel.
Las posesiones que tenía en su oficina de lujo se empezaron a transformar.
La computadora era la más antigua del lugar y estaba tomando la forma de un acordeón.
De su silla salían unas agujas afiladas que hacían incómodo su asiento.
La puerta de su oficina era de papel corrugado, el que se rompía un poquito cada día.
Su impresora nunca tenía tinta, ni negra, ni de colores
Los tonos primarios habían decidido ir a depositarse en mi impresora , ahora de primera generación.
No había resmas de papel, todas las tenía en mi poder y no pensaba darle ni una.
Venganza!!!
Pen-drive, notebook. Su memoria ya no recordaba aquellas cosas.
Y justo hoy, 15 de noviembre del año en curso , el tan afamado años atrás, sufre una descompensación de salud más que importante.
Qué pena no habían autorizado la compra de oxígeno, de adrenalina, de …
-por falta de presupuesto señor, según me dijeron en administración, contestaba la farmacéutica del lugar.
-Qué pena, dije en voz alta ante quien correspondía.
-Qué pena ,dijeron 2 o 3 amigotes del mencionado personaje.
-Su pulmón derecho , el del lado contrario al riñón extirpado, ya no funcionaba.
-Oxígeno, oxígeno, oxígeno. Cada vez era más tenue su voz.
En estos momentos en donde la vida se le empezaba a apagar, será que este crápula se habrá acordado cuando allá por el 2008 a mí se me ocurrió sacar a la luz la casi falta de oxígeno y me quiso sumariar.
Pasé por al lado de su cama.
Lo miré.
Me miró a manera de súplica.
Con una sonrisa fingida le dije – falta de presupuesto dicen, y no repiten de decir: falta de presupuesto.
Imbécil! todavía no entendés que el presupuesto en salud no puede existir.
Me importa un carajo el presupuesto. Me importa la vida de los pacientes.
De los pacientes dije, de vos no me importa nada.
Y no sé si fue la divinidad, la vida o el azar lo que hicieron que ante mí exhalara su último suspiro de vida.
GBA
22-10-08
C9 - venganza - Klein
Desde hacia un tiempo no podía dejar de pensar en otra cosa mas que en aquella venganza que la mantenía viva desde ese día en que lo encontró durmiendo, con la otra, con ella, con la innombrable, Esa, a quien conocía pero que no se atrevía a permitir que existiera.
Pero el episodio fue simple , ella abrió la puerta y lo encontró a él durmiendo con la innombrable.
El ruido lo despertó . Salto de la cama y se vistió de un salto
Las excusas eran imposibles. El dolor que ella sentia era sofocante.
Ahí quedo la historia. Esa fué una mas de todas las situaciones en las que se había encontrado expuesta. Tal vez esta fue la última que impulso a la gestación de aquella venganza. Una venganza traducida en un plan que desde hacia un tiempo largo venia pergeñando con lujo de detalles.
Si bien hacia años que había dejado de ser su pareja, nunca habia abandonado aquella venganza pensada en noches de llanto y dolor y que a ella le proporcionaba el alivio a ese sentimiento tan devastador que siente quien fue victima de una infidelidad . Tal vez porque se siente que la confianza se derrumba y de eso no hay retorno.
En fin, habia llegado el momento de actuar aquella venganza.
Empezaba con una llamada. Tan solo una llamada en la que lo invitaba a tomar unas cervezas, en honor a aquel amor que se habían tenido en aquellos años.
Imposible que el actor en cuestión, no acceda, ya que semejante personaje solo necesitan que se los tenga en cuenta para que se comporten tal como una se lo propone.
Obviamente estuvo de acuerdo, se reunieron en La Viela , en pleno barrio de Recoleta .
Un buen escote, una pollera corta y listo !
Después solo habia que esperar el desenlace.
Una llamada, unas horas antes a quien era ahora su esposa y la madre de sus tres hijos.
Tan solo tres palabras _ Alejandro esta ahí_-
En menos de media hora , la situación estaba consumada, su mujer los encontraba in fraganti, él se sentia estafado, la esposa traicionada y ella feliz de haber provocado tantos sentimientos desagradables.
Esta vez él era quien sufria por las tantas veces que ella lo había hecho. La venganza estaba consumada.
C8 - MICROCUENTOS - KLEIN
Tal vez nunca pensó cuanto la extrañaba, tal vez nunca le dio importancia
Quizas tanto le habían exigido para que no fuera ella misma, no sintiera, no expresara que termino creyendo que asi era vivir.
Todo sucedió en una tarde, todo dicen que fue inesperado.
Si , inesperado, cruento, doloroso y sepultado , pero así fue.
Y eso era lo que Victoria sentía estallar en su corazon.
Ahora lo tenía claro, ese dolor punzante que la haba acompañado y que ella sistemáticamente había tratado de desestimar, eso era dolor de muerte. De muerte materna.
Con el diploma en mano sentía que la vida le hacia un guiño.
Habían sido muchos años de sacrificio. Pero todo casi siempre tiene una recompensa.
Lo contrataron en una de las mejores empresas con base en New York.
Sin dudarlo un segundo acepto el cargo de director ejecutivo.
Se instalo en la gran mazana.Al dia siguiente cayeron las Twin Towers y con ello su cargo de director ejecutivo
Despertó como todas las mañanas, pensando que el día era una dicha. Que el amanecer era un privilegio.
Preparo los desayunos, pinto el paisaje de mar que hacia tiempo estaba esbozando.
Se entrego a pleno al disfrute de los pequeños momentos.
Tan solo una llamada telefónica fue lo que provoco toda su vida.
El test de embarazo le habia dado positivo.
De pequeña intuyo que su vida iba a ser diferente a lo que le habian contado.
Su madre se habia cerciorado bien de que asi lo fuera.
Se desperto aquella mañana, se vistio para la ocacion y salio a escena
Bailo como nunca y como siempre . Sintio por primera vez que su cuerpo le pertenecía
Esa tarde fue consagrada como mejo bailarina del ballet del Teatro Colon
Caminaba tomada de la mano de la mano. Tenia tan solo cuatro años. Lo recuerda con tanta nitidez.
Iban bordeando una calle arbolada bajo un sol fogoso que comenzaba a hacerse sentir.
La desperto el llanto ahogado de su papa. Su mama ya no estaba más.
No podía leer, no podía escribir.
Estaba como maniatada, su cabeza no se posaba en nada ni en nadie
Sonó el timbre, corrió hacia la puerta y recibió el telegrama que le anunciaba con muy pocas palabras, que a partir de ese momento , su vida se transformaba en un cuento de hadas
C8 - microcuentos - Bea
Después creció y sufrió empleos que la desgastaron. En ellos soñaba en el mar como otros sueñan con la libertad.
Hoy acaba de renunciar al último de esos empleos. Y esboza una sonrisa cuando escucha en una radio al pasar que una inmensa masa de agua salada avanza sobre Buenos Aires desde el sur.
C7 - El Profesor
El Profesor
El jueves de Faure fue la primera y ultima vez que lo conoci. Aunque tuve la sensación de haberlo visto antes.
Durante un rato largo estuve averiguando de donde lo sabia.
Su rostro gris, delgado, casi de comic. Su anatomía flaca, desaliñada. Llevaba un abrigo tan grande que podíamos entrar todos los del taller, un abrigo triste opaco.
Se le veía molesto nervioso, parecía tan incomodo que su molestia interrumpió bruscamente el banquete. Vino puro de todos los colores de un exquisito sabor, unas delicias hechas con manos de abuela y no puedo dejar de mencionar sin que se me haga agua la boca unos sandwichs dignos de tal banquete.
En ese clima amistoso Gustavo le pregunto si se iba a quedar en el taller. Nos asustamos con su rotunda negativa pero no nos importo en ese momento porque era impensado que alguien quisiera dejar nuestro taller.
Sin mas salió del salón seguido del coordinador que entendió bien, no estaba tomando vino blanco.
Todo se veía tan misterioso, silencioso, cerrado.
Que le estara confesando? Que susurrara con tanto sigilo?
Sera el costo del taller?
Seran los compañeros indignos en juerga?
Con el vino entre nosotros fue mas divertido hace de él un relato.
Varios días después segui meditando en él y me apeno que haya decido no venir porque se estaba perdiendo algo bueno.
Gustavo nunca nos conto que había pasado pero al pensar otra vez en el profesor me fui a mi niñez a los dibujos animados que veíamos solo un rato a la tarde.
El profesor Locovich quiso hacer una pausa en las carreras para venir al taller pero se le complico y tuvo que regresar. Compromisos ineludibles. Estaba inventando un nuevo accesorio para su Auto convertible y asi poder ganarle a Pierre.
C8-Escribir microcuentos ( x Graciela)
1-Cada martes por la tarde se juntaban las ancianas María y Julia a tomar el té.
Ambas disfrutaban de fotos viejas , de historias de su adolescencia, de música llena de recuerdos.
Todos los martes Julia iba a la casa de María.
Cuentan por ahí que ese martes de Noviembre María no fue a la casa de Julia.
Ese día sepultaban a Julia.
Y a la casa de María llegaba una corona de flores enviada por el hijo de su anciana amiga.
2-Junto a la tumba de Julia lloraba Manuel, su hijo.
A pocos metros de allí, en la tumba de María colocaba unas bellas rosas Griselda ,su hija.
Se vieron por primera vez, caminaron juntos por el cementerio.
Entre ellos nació una amistad.
Todos los jueves compartían un taller de pintura.
Un día Griselda faltó. Manuel también.
Alguien dijo que repitieron la historia de sus progenitoras.
3-Alberto fue al taller a buscar algunas de las pinturas de su padre Manuel.
Julieta se presentó en el lugar para recoger las pertenencias de su madre.
Se conocieron, se vieron ,se amaron.
Cada uno siguió su camino.
Ambos volvieron a verse muchos años después cuando la hija de Alberto y el hijo de Julieta se casaron en la Parroquia Presentación del Señor de Saavedra.
4- Después de algunos años los recién casados se divorciaron.
Y al fin se rompió definitivamente la historia de Julia, María, Manuel, Griselda, Alberto y Julieta.
Me pregunto si por alguna calle de Saavedra andará dando vueltas el alma de alguno de ellos para reencontrar su destino.
C8-Escribir acerca de algo vivido que nunca lo contamos
Corrían los años 70 y algo más.
Cuando pasó lo que pasó.
Mi abuelo materno era un gringo bien gringo. Hijo de italianos venidos al país casi al principio del siglo XX. Nació en el mes de julio de 1901.
Sus ojos eran tan azules como todos los mares juntos, hermosos, bellos.
Nunca volví a ver unos ojos de ese color tan cielo, tan mar en calma.
Francisco era su nombre, pero todos le decían Félix, don Félix.
Según me contó mi madre, la abuela en realidad quería llamarlo así, pero por esas cosas que pasaban en los pueblos del campo, se dio que se llamara Francisco en lugar de Félix.
Igual para poco sirvió. Porque él era el abuelo Félix, don Félix, papá Félix.
Nunca quiso que lo tuteáramos.
-Eso es una falta de respeto, nos decía.
Ni sus seis nietos, ni sus tres hijas, ni la abuela Irene, entendían su filosofía del respeto.
Pero igual “lo respetábamos” y lo tratábamos de USTED.
Mi abuelo paterno, era distinto, no pensaba igual.
Claro, don Pedro siempre vivió en la ciudad.
El abuelo Félix era del campo, bien del campo.
-El mejor para las matemáticas, decían todos.
Mi madre y mis tías aún hoy lo repiten. El abuelo resolvía la más compleja cuenta numérica de la forma más rápida y de la operación matemática que le pidieras.
A veces me pregunto si mi atracción hacia esa materia la habré heredado de él.
Era un gringo corpulento, con mucho cabello cano, manos enormes.
Y sus ojos tan azules, como nunca he vuelto a ver. Esto ya se los conté.
Un día de febrero de esos 70 y algo más, estaba yo en una habitación de mi casa.
Creo que leyendo, tranquila, sin nadie alrededor.
Y no sé, oí algo dentro mío, si oí, digo bien, no sentí.
Oí una voz que me dijo:- Mañana tu abuelo se va a morir.
Que pensamiento tan extraño, me dije.
No entiendo nada, qué significa esto, pensé.
Salí del cuarto.
Me fui a la cocina donde estaba mi madre. No le conté nada.
Cómo iba a contar semejante locura, semejante pensamiento.
Mi abuelo, ya viudo, vivía a unas cinco cuadras de casa.
Todas las tardes con mamá y mi hermano íbamos a visitarlo un rato.
Su casa era la más linda del pueblo y creo que aún lo sigue siendo. Lamento tanto que ya no sea de la familia.
Cuántos recuerdos escondidos ahí dentro, cuántas travesuras, cuántas risas, cuánto calor a familia.
Y esa tarde del 26 de febrero de ese año del que les hablaba, cuando estábamos llegando a la casa del abuelo Félix, una vecina se nos acerca y nos dice que el abuelo está tirado en el parque.
Salimos corriendo y sí: Ahí estaba.
Con la tijera de podar en su mano derecha, tirado en el suelo, los ojos semiabiertos.
Alguien salió corriendo a buscar a la única enfermera del pueblo.
Mi madre, la vecina y yo lo llevamos como pudimos hasta su habitación.
Qué pesado que era su cuerpo, ahora más que nunca.
Llegó la enfermera.
El ahí tendido en su cama, ella tratando de reanimarlo.
Yo miraba desde el pie de la cama.
El abuelo no volvía en sí.
Ya más no recuerdo.
Seguramente después llegó la ambulancia, mis tíos, mis primos.
No lo sé.
Sólo sé que ese día mi abuelo murió.
Nunca me animé a contarle esto a nadie.
Siempre cargué con esa culpa.
Mi cruz es si mi pensamiento atrajo a la muerte.
Pero, si yo no pensaba en ella, a los dieciséis años no se piensa en ella.
Y tampoco me animé a contarlo porque temía que pensaran que estaba loca, que alucinaba o inventaba cosas de jóvenes.
Lo raro, es que hoy con mis más de cuarenta años, tampoco me atrevo a contárselo a nadie.
Sólo quien esté leyendo esto conocerá mi secreto, mi duda, mi confusión.
Y al final sólo recuerdo los ojos azules, tan azules.
GBA-05-10-08
C7-POBRE JUAN ( Graciela)
Un día de Septiembre apareció en el taller.
Era un personaje serio, demasiado serio.
Ingeniero, dijo ser de profesión.
Todos pensamos, que tal vez era ese tipo de ingeniero que es Faure, pero no.
Maletín negro, si mal no recuerdo. Con papeles, calculadoras, lápices, hojas y hojas.
Decía querer sensibilizarse, salir de su rutina tan esquemática.
No me quedó claro cómo dio con nuestro taller.
Fue bienvenido por todos. Lo dejamos expresarse, presentarse, escribir.
-¿Volverá el próximo jueves? Más de uno se preguntó.
Y sí, regresó. Casi ante la sorpresa de todos.
Encima ese día había cumple con vino de todos los colores, sándwiches y hasta la más rica torta casera.
La consigna era: describir a un compañero de taller, a cualquiera, al que se nos ocurriera.
Cada tallerista concentrado en su tema.
De repente Gustavo y Juan, desaparecieron del lugar. No los ví más.
Giré mi cabeza hacia la izquierda y los veo ahí en el pasillo, hablando en voz baja.
-Qué pasa? Nos preguntábamos.
Hablarían de la cuota, de las consignas , de nosotros, del espacio físico. Poco me importaba, yo estaba muy concentrada en describir a mi tallerista elegida en esa oportunidad.
Entraron los dos. El nuevo le dio al vino, a los sándwiches, a la torta de Susy.
Escribió, leyó, no sonrió.
Y pobre Juan, él se lo perdió.
Se perdió la sabiduría de Susana, la genialidad del caballero Faure, la risas y simpleza de Anita, la espontaneidad de la Klein, la sencillez de Alaniz, los ojos recién enamorados de Luly, la palabra justa y precisa de Gabriela, la casi timidez de Bea, la franqueza de Gustavo y hasta mis alas cortitas con ganas de volar.
No sabemos nada de este Juan. Por ahí se equivocó de dirección y en lugar de Manuela Pedraza quería llegar a Olleros, Santos Dumont o Vuelta de Obligado.
Si algún día regresa lo vamos a recibir con los brazos abiertos.
Pero, eso sí, nunca le perdonaríamos que nos lleve del taller a su colega y nuestro gran preciado ingeniero Faure.
C7 - relato extraño - klein
Cursábamos el tercer año de taller de escritura creativa en el centro Jauretche cuando se presento un nuevo compañero, Juan de nombre, X de apellido
El alumno en cuestión era un señor de profesión ingeniero igual que la que tenia otro compañero nuestro a quien habíamos apodado “ faure” simplemente porque ese era su apellido. El era nuestro único compañero varón que nos enriquecía constantemente con sus conocimientos literarios, músicos, cinematograficos que solia compartir con nosotras, de aquí en mas “ las chicas” , soportaba estoicamente nuestras publicaciones desordenadas en el blog y las bromas del profesor también. , pero todo esto casi no tiene importancia en este relato, lo importante es que se presenta este señor Juan, como ya anticipe, ingeniero también de profesión.
Aquella clase, nuestro coordinador, Gustavo de Pace , nos dio como consigna relatar sobre alguna situación difícil o extraña que hubiéramos experimentado en cierto momento de nuestra vida. .
Cada uno preparo alguna, Luli escribió de cuando se separo del papa de su hijito, Bea de cuando tuvo que decidir su casamiento , Anita cuando tomo la brutal decisión de asesinar a su madre, Faure de cómo hizo para reprimir su instinto asesino frente a sus compañeros de coro, Grace relato de aquella vez que le robaron en la puerta de su casa, Gabriela ese dia no se decidio por contar nada, Klein relato como , frente a continuos episodios de perdida de su memoria, opto por empezar a anotar todo en un cuadernito que lleva a todas partes, , Alaniz relato de una situación medio perversa que le sucedió con el portero, Susana nos declaro que no sabia como contar lo que tenia que contar . Y ahí llegamos a Juan , aquel compañero que se incorporaba en este grupo. Todos esperábamos de Juan algún relato relacionado a lo laboral ya que había estado comentando con Faure algunas cuestiones propias de su profesión en común.
Pero Juan impávido nos contó ,mas en tono de confesión, que en realidad se anoto en curso de escritura porque necesitaba una coartada para un gran robo que estaba a punto de perpetrarse en la sucursal del HSBC ubicada a pocas cuadras de el centro Jauretche en la calle Ibera y Cabildo
Nosotros, es decir el taller a partir de ese momento pasábamos a ser la coartada perfecta, que este señor necesitaba cubrir en ese horario jueves de 19 a 21 hs…
Por eso ante la pregunta inocente que Anita realiza a Juan … entonces te vas a quedar el taller? El le respondió , gritando ...un No que dejo a todos boquiabierta…
Todo lo que siguió fue un momento confuso, Gustavo salio con Juan del aula y comenzaron a discutir en el pasillo, mientras nosotros seguíamos trabajando con las consignas.
Los veíamos a ambos a través de la ventana, Juan con cara de ruego, de suplica, Gustavo con cara de no puedo, no puedo mentir, no me pidas que lo que haga…
Solo ellos sabrán lo que realmente sucedió ahí afuera, nosotros solo nos quedamos con el recuerdo ingrato de habernos encariñado por un momento con un nuevo compañero que vio en nosotros su perfecta coartada.
FIN
C6- Escritura sensorial (Graciela)
Consigna : Utilizar un sentido, escribir algo y que el lector perciba lo descripto por medio del sentido elegido.
SENTIDO: el olfato
PAN CALIENTE.
El olor a pan caliente me lleva al pueblo de mi infancia.
Cada día mi tío y 2 o 3 empleados se levantaban en plena madrugada , a eso de las 3.
Había que hacer la mezcla de la harina con sabor a madrugada, la levadura ( con su olor ácido), el agua y la sal que olían a espuma de mar.
Esa mezcla a una enorme máquina, a una pieza cálida y húmeda.
Esperar.
Ya el ambiente olía a pan incipiente, alquimia de olor a masa cruda y levadura. Neutro, perceptible.
A unos pocos metros el horno que olía a leña quemada a fuego lento. Así debía de ser.
Mientras la levadura hacia su trabajo en su masa, alguien aparecía con un jarro con mate cocido . Aroma inconfundible. Irremplazable. Mate cocido de pueblo.
Ya pasó. Se cumplió el tiempo de leudar, ahora a amasar y hornear.
La parte más linda y divertida. Cortar cada trocito, para que cada uno de ellos fuera en pocos minutos un pan cocido crujiente.
Así la vida de la panadería pueblerina crecía entre bolsas de harina, trozos de levadura, leña, horno , pan cocido y por supuesto madrugones.
Y llegó el momento del horneado.
Y lo mejor , el pan caliente recién hecho.
Olorcito inquebrantable, capaz de subyugar hasta al más cruel de los sentidos. Nadie se resiste a ese aroma. Es como disfrutar de una cálida embriaguez.
Al salir del horno se huele exquisito, suave, tierno.
Según leí por ahí, no sé sabe ciertamente donde nació el pan, pero 3000 años antes de Cristo este apetitoso manjar ya se comía en China.
Y como alguien dijo “con pan y vino se anda el camino”.
Me olvidaba contarles que a mi cuento le robé un poco de olorcito del pan caliente y se lo mandé de regalo al hijo de una de mis compañeras de taller.
C6- Escribir un relato desde el comienzo de una frase.
Ni un solo día sin una línea sobre su pintura póstuma.
Cada mañana o tarde o noche, tomaba Juan su pincel y dejaba una marca más.
Sería ésta su última obra.
La mejor de todas!!!
Le debía a ella un aprecio especial. Sería su obra final.
Y así resplandecía el rojo, después el amarillo.
Danzaba el azul eléctrico, algo así como una música tecno.
Y el blanco de la pureza.
El violeta, color preferido de Carolina.
El verde de cada árbol del monte, elegido por Facundo.
Hasta el negro tenía su lugar en los ojos más hermosos.
El marrón de mi cartera y del caballo más veloz.
El rosa pálido y el chillón, tomados de las manos, bien unidos.
Un gris azabache perfecto.
Y nuestro Juan volvía a tomar el pincel.
Y otra vez, no había un solo día sin una línea.
Los matices eran muchos, variados, locos.
Los burócratas, los acartonados, no entenderían nunca esa composición. Para ellos sería sólo una mezcla de colores, una mezcla de sin sentidos.
Pero , los otros, los simples, los que sabían ver: apreciarían aquello.
Pasaron los meses, y después de una línea sobre otra, y otra y otra, llegó el final.
-Perfecto. Dijeron sus amigos.
-Lo más, suspiró su hija.
Y relajado en su sillón , nuestro artista decidió descansar.
Ya no hay día, ya no hay línea.
C6- escritura sensorial - Klein
Me toco con sus dedos, decididos y masculinos
Su piel tibia , humana , varonil
Su boca, sus labios tensos , humedos y envolvente me llevan a otro tiempo, a otro momento, a otro lugar
Su cabello duro por los años
Gris por la vida y largo por la dejadez me conectaba con el triste paso de los años.
La piel de su cara tensa, con arrugas, pero amigable era lo que me habia cautivado
Esa cara de ese rostro me llevaba por los caminos de los sueños
Por los caminos del deseo.
Piel arenosa , deseable
Piel de años que han pasado , piel de vida robada
Su olor , tan familiar y tan extraño por momentos
Ese aroma mezcla de tabaco y café o mezcla de perfume y locion
Ese olor tan suyo, me perdia en las tinieblas de mi reprimido deseo
Sus musculos recios pero algo vencidos
Me lo imagino venciendo tempestades, llorando por amor
Luchando por su vida.
Su mirada poco honesta
Sus ojos de mirada perdida
De mirada engañosa , acomodaticia
Ojos de miedo, ojos tormentosos que asustan
Nada conoce con su mirada
Sus ojos de niño engañado, estafado, mutilado
Sus ojos de mentiras escuchadas y descubiertas.
Sus ojos negros.
C5 - narrador protagonico _ La Klein
Vito nos cuenta...
Nunca entendí que era lo que finalmente ocurrió.
Jamás pensé que todo el barrio me ovacionaría de esa forma!
Carola es todo para mi .Ella me rescato de la calle
Yo vivía con un cascarrabias que de un día para el otro decidió que no quería cuidarme más y me echo literalmente patitas a la calle
Y así fue que vagabundee mucho, pero mucho
Fríos inviernos, veranos tortuosos y húmedos
Hasta que una tarde de otoño cuando se presentía que el frió se iba a apoderar de nuestra ciudad, sentí una inmensa necesidad de dormir una siesta al sol en ese balcón lleno de malvones que ya en otras ocasiones lo había estado merodeando. ,
Me quede dormido entre los malvones de ese balcón.
Cuando desperté una señora, muy amable pero quien no paraba de hablarme, me trajo un tazón con leche
Sin dudarlo empecé a beberlo y ahí sentí por primera vez las caricias de Carola
A partir de ese momento nunca nos volvimos a separar. Ella jamás dejo de darme su amor y su atención y yo nunca deje de serle fiel.
Me adopto. Cuando venían sus amigas ella le decía algo así “como que yo venia a reparar todos sus cicatrices, frase que nunca entendí porque yo no se arreglar nada, pero bueno, cosa de humanos.
Una mañana calurosa y húmeda , la recuerdo bien, decidi salir a pasear un rato, como todas las mañanas mientras Carola se dirigía a hacer las compras de todos los días.
Vagabundee un rato , como es mi costumbre a esa hora y después decidí volver a la casa, estaba cansado porque la noche anterior habíamos estado de fiesta en lo de Tete, la felina de la otra cuadra ( asi le decian, “ la felina” )
Estaba casi a punto de dormirme cuando escuche unos gritos que venían de la calle.
Asustado salí al balcón y me quede sorprendido viendo y escuchando como Carola gritaba mi nombre pero lo señalaba a Coqui, el gato amigo de Tete, que los miraba desde un balcón medio destruido que estaba al lado de mi casa
La gente empezó a rodear a Carola, y todos gritaban mi nombre pero nadie me miraba a mi. Un señor que iba en una bicicleta freno de golpe, dejo la bicicleta y se puso a mirar lo que sucedía gritando mi nombre junto con el grupo de personas que rodeaban a Carola. En verdad no tenia idea de lo que sucedía ( y nunca la tuve )
Uno de los señores que estaban en el grupo, a quien pude identificar como el farmaceuta de la esquina, tomo un telefonito y hablo con alguien, vaya uno a saber con quien… tal vez por eso en minutos arribo un camión con una escalera. La escalera se desplegó, un señor gordo subió por ella hasta el balcón en el que se encontraba Coqui.
Vi como lo agarro a mi amigo fuertemente del lomo, ( le costo porque Coqui se resistía ) y descendiendo despacio se lo llevo a Carola que estaba recostada en una reposera , que su amiga, la de la panadería, le habia armado, Tampoco entendí por que, ya que si ella quería descansar bien, no lo hizo en su cama , no?
Carola lloraba agradecida mientras seguía nombrándome. Todos empezaron a abrazarlo al señor gordo que descendió con mucha valentía de esa escalera debilucha y oxidada.
Cuando Carola tomo a Coqui entre sus brazos, la cara se le desfiguro, como si hubiera dejado de ser ella y empezó a gritar nuevamente diciendo que yo no era ese gato ( vaya novedad ) porque yo tenia una manchita blanca en la cola ( vaya novedad tambien)
Después de toda esa extraña escena y ofendido por usar mi nombre para llamar a Coqui me despanzurre en mi colchón y me entregue al mas profundo de los sueños
No se bien que es lo que paso, de golpe la escuche a Carola gritarme, me besaba, me acariciaba. Todas esa personas que la rodearon en la vereda, estaba en casa junto a ella y me miraban felices (que raro son los humanos)
No entendí bien que era lo que querían así que seguí descansando,
Entre todos los que me rodeaban también lo vi al señor de la bicicleta que con cara rara y confundida se alejo del grupo para ir en busca de su bicicleta
Lo único que escuche con claridad era que Carola no dejaba de repetir lo tonta que había sido en confundirse así…
Al final el más confundido fui yo, que nunca voy a entender lo que realmente ocurrió.
.
FIN
C5- NARRADOR/PUNTOS DE VISTA-GRACIELA-
Eran cerca de las 8 de la noche de ese miércoles de septiembre, frío y negro.
Faltaban sólo 8 cuadras para estar en casa. Sólo quedaba pedalear y pedalear con más destreza y más habilidad que nunca, para llegar al departamento donde vivo.
Estaba cansado. Día agotador, pesado, lento.
Mi bicicleta estaba tan ansiosa como yo en llegar a destino. Pasaba saltando bruscamente por entre los adoquines de esa calle,cuyo nombre se borró de mi memoria. El barrio: Saavedra, querido, tranquilo.
Insuperable ventaja tenía sobre mí el vehículo: era nuevo, recién estrenado, azul, brillante.
Yo, en cambio, venía de una larga jornada de talleres por esos barrios que sólo existen en Buenos Aires, con esos talleristas que también sólo existen en Buenos Aires. Encima mis horas se me habían complicado con ese editor que estaba por decirme sí a la publicación de mi novela y de repente, sabrá Dios porqué, me sale con una negativa tan infantil como las que no escuchaba desde mis días de colegio.
Mis pensamientos flotaban en el aire húmedo y fresco.
Sin casi darme cuenta me voy acercando a un grupo de gente alborotada. Todos miraban hacia ese balcón sombrío y triste del segundo piso del edificio más horrible que había visto en mi vida.
Y ahí, colgado de la cornisa, un gato. Un enorme gato, tan enorme como pueda imaginarse.
Toda esa multitud quería atraparlo entre sus manos. Intentaban que el pobre se moviera hacia algún lado. El animal permanecía estático, inmóvil, odiando.
Dejé mi bicicleta a un lado, tiré mi maletín por algún otro rincón y gritaba al infeliz felino. Mi intención era convencerlo de que dejara ese lugar peligroso.
Era obvio que el animal no reconocía mi voz, por lo que la obediencia hacia mí era inexistente.
Por ahí estaba una vieja menuda, flaca, fea, llamada Angélica. Los vecinos decían que era la dueña del animal. La mujer emitía voces de manera exagerada por lo que la hice callar con un grito tan aterrador que hasta casi yo me asusto.
Eché al gato una mirada fuerte, muy fuerte y no sé si fue eso o el furioso haz de luz de un helicóptero que pasaba por el lugar, lo que hizo que el bicho cayera al piso.
Parado, intacto, como es deber de los gatos caer.
El espectáculo terminó, me dije.
Fui a recoger mi bicicleta y mis otras pertenencias, pero ya no había nada de lo mío.
Y me puse a caminar durante 8 minutos las 8 cuadras que me separaban de mi casa.
Y así terminaba mi día, sin mi vehículo azul, sin la edición de mi novela y con ese maldito gato del segundo piso de una calle sin nombre del barrio de Saavedra.
Y no sé porqué esa noche no pude dormir. Oía maullidos de un felino que se había trepado a mi balcón en busca de no sé qué.
C5- Narrador Protagonista - por Bea
Su dueña, conocida como Doña Cata, septuagenaria, sufría un ataque de histeria, conmocionada por la situación, a la que el gato permanecía ajeno. Los testigos del suceso dijeron que estos episodios se sucedían con frecuencia, generados por los mismos protagonistas.
Limpiamos el área para poder realizar el operativo de rescate y dispusimos el móvil equipado con escalera extensible. Sorteamos para ver quién subía y perdí.
Por lo tanto, escalé hasta el segundo piso en una escalera hecha de escarbadientes que crujía a cada movimiento. Cuando llegué hasta el gato, extendí los brazos para bajarlo conmigo, pero el maldito se aferró al tejido, empecinado en hacerme pasar un mal rato. Tironeamos con fuerza los dos hasta que decidió saltar al balcón del primer piso, dejándome solo en las alturas.
¿Cómo terminó la historia? Los curiosos se dispersaron, la dueña entró corriendo al edificio en la búsqueda del gato y mis compañeros tuvieron que llamar a la central de bomberos para pedir otro móvil con escalera porque el mecanismo de esta quedó trabado conmigo en las alturas.
C4-GRACIELA-Escritura de algo que le pasó a alguien.
CONSIGNA: Escritura acerca de algo que le pasó a alguien, un relato que nos contaron.
EL TURCO HADAD.
Cada martes por la mañana, aparecía en su vieja estanciera el turco Hadad.
Así era su nombre y así es como lo conocían todos. Hombre de aspecto vivaz y de un gran tamaño.
Esto pasaba allá por los años 40 en algún lugar del campo en la provincia de Buenos Aires.
El turco se presentaba en cada rancho que encontraba a su paso y mostraba a la familia, generalmente madre e hijas, los bienes tan preciados que vendía. Algunas baratijas y otras cosas de cierto valor, algunas muy útiles y otras que para nada servían.
Y todas las damas a su alrededor dejaban disfrutar de ese placer de ver a sus ojos verdes, castaños o azules.
El mercader les permitía pagar en dos o tres cuotas, y esto es lo que más entusiasmaba a sus clientes, especialmente a las jóvenes.
En sus miradas se notaba el asombro de ver algo exótico, desconocido, que sólo se podría adquirir en los grandes poblados.
El turco las acercaba al mundo civilizado, era su cable a tierra.
Su vehículo de color verde loro se veía desde muy lejos. Estaba repleto de mercancías, y poco a poco se iba vaciando, para llegar el sábado al mediodía a su casa sin nada encima pero con mucho dinero.
Además el hombre cincuentón y alegre, contaba cuentos muy divertidos y anécdotas muchas veces inventadas, que hacía reír a más de una señora.
Y por qué negar que más de una bella mujer vivió su amor platónico con Hadad.
Los años pasaron para todos, para el turco, para las damas, para el mundo…
Y por esos lugares ya casi no hay ranchos, ya no hay jóvenes ni madres que ansiosas esperan que llegue el martes para que aparezca la estanciera verde loro del vendedor.
Sin embargo cuentan por ahí algunos pueblerinos que todos los martes a la mañana los campesinos suelen ver una estanciera verde loro dando vueltas de aquí para allá sin parar y que al intentar acercarse a ella desaparece.
Mi abuela me diría “es el fantasma del turco que anda dando vueltas”.
Y yo me pregunto si ella no estará con él…