Travesura ( derecho a réplica)
La veo sentada en la confitería “La orquídea” de Palermo Soho, como todos los jueves, día de trampa. La noto distendida, relajada, en paz. Lleva un maletín marrón oscuro. Cabellera delicadamente lacia, de un visible e inconfundible dorado. Una unidad de sus formas dispuestas de una forma sumamente armónica, desde los hombros, sus senos, sus muslos, su todo. Saca de su portafolios un libro, una carpeta, la cartuchera rosada colmada de lapiceras. Estoy sentado en la mesa que está justo frente a la suya. Siempre elijo ese lugar. Al cabo de un rato llega una mujer, será una amiga o socia. Hablan mucho como todas las mujeres. Ella siempre toma una gaseosa light con un tostado. Su amiga no lo sé, no me importa su amiga.
A veces la espera se hace larga. Imagino su profesión :Licenciada en administración de empresas, diseñadora de modas, o guionista de cine. El celular suena demasiado, muchas veces no lo atiende. Yo leo el diario y a través de la parte superior la observo. Es hermosa Sus movimientos son delicados, femeninos, pulcros. Cada vez que el mozo se acerca muestra su mejor sonrisa y siempre le insinúa algo al oído que yo no logro escuchar.
Al fin llega su amiga, su socia, su alguien. “Seguramente tratan temas de negocios”, pienso. Es el 4º jueves que la veo. Esta mujer me transporta, me saca. La sueño casi todas las noches .Recorremos juntos los más lindos paisajes, hacemos el amor en el mar, en el verde, en la luz. Le inventé un nombre: Verónica, no muestra discordancia con su estilo. Luego de dos horas se levanta y se retira, sola o acompañada con la persona que fue a su cita hoy. Ella nunca me vio. Sólo ve sus cosas, al mozo y a la persona con la que comparte la mesa.
Amanece el 5º jueves. Llego temprano al desayuno, Verónica ya estaba ocupando su sitio habitual que da al verde de Plaza Serrano. Y mi mesa ya no estaba disponible. Alguien se había metido en nuestro tiempo. Un hombre delgado y con rulos grises leyendo el periódico y mirándola a ella. Su vista fija en la mujer parecía encantada, hechizada. Me daban ganas de decirle al infeliz que se vaya. Preferí acercarme y preguntarle si coincidía conmigo con respecto a la belleza de Vero. Le conté que hoy me había decidido a dirigirle alguna palabra. Pedirle fuego, una lapicera (tenía tantas). El hombre describe una sonrisa entre irónica y burlona. Es en ese momento cuando emito un grito desafiante y le digo:
“¿Justo hoy tenés que sentarte acá?”.
Todos miran. No entienden que está pasando. Yo tampoco.
Verónica se acerca a la escena y dirigiéndose hacia mí me pregunta si necesito ayuda. Sonrío, vuelo, me pongo rojo desde mi pelo negro hasta mis zapatillas del mismo color. “Te veo siempre todos los jueves, ahí sentado, solitario” me dice. Yo creí desmayar, no podía contener tal emoción y mi presión cayó en picada precipitadamente. Me desparramé por el piso de ladrillos del bar. Al volver a la realidad veo a un médico, al mozo, al hombre y a Vero.
“Todo está bien ahora” dijeron los cuatro.
Verónica me habla otra vez:-Me da pena verte solo todos los jueves, me recordás a mi hijo, juventud con futuro incierto y sin nada en qué pensar.
Es así como caigo en la cuenta que esa mujer nunca tendría ojos para verme como a un hombre. Le dejo grabado la figura de un beso en su mejilla y salgo corriendo.
Nunca más volvió a ese bar, nunca más volvió a su Verónica, nunca más a su mujer imaginaria.
GRACIELA- 30-11-08
1 comentario:
Muy buena esta version!
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