C1 - Bradbury . por Gabriela!

Pamela y Pola

Pamela –de siete años- se apuró a bañarse después de la cena. Sus padres habían salido, su hermano –agotado después de jugar al fútbol toda la tarde- ya dormía, su hermana se quedaba en lo de una amiga.
Parecía imposible tanta felicidad.... Su abuela –Pola- en este viaje, para ella sola! Esta vez su hermano no aparecería para interrumpirlas y su hermana no distraería a su abuela para contarle una vez mas que pensaba ser médica, como ella.
Se puso el camisón rosado, largo. Pola la esperaba en el sillón grande, al lado de la calidez de la lámpara de pie. Terminó de secarle el pelo y de peinarle el flequillo.
Ya está. Empecemos, dijo.
Y empezó, empezó a leerle los cuentos de siempre.

Aunque Pamela, en primero superior, ya podía leer bastante bien sola, escuchar los cuentos leídos por su abuela tenía otro sabor. Así fue que le leyó el cuento de la muchacha que no pudiendo dormir sobre veinte colchones porque debajo de todo había un guisante demostraba ser una princesa y, pasada esta prueba, se casaba con el príncipe.
Luego, el del sapo que recuperaba su principesca figura cuando la princesa le daba un beso, y por supuesto...se casaban. Y también el de la joven que se pinchaba un dedo por intervención de una bruja mala y se dormía hasta que un príncipe le daba un beso, entonces ella despertaba y ...por supuesto, se casaban!
Pamela aplaudía y se sentía feliz por los protagonistas de estos relatos, donde aparecía el Amor.
La abuela dejó para el final la historia de una nena llamada Alicia.
En el viaje anterior, se la había leído por primera vez y Pamela había quedado casi sin respiración escuchándola.
Había algo diferente, que la desconcertaba en esta historia.
Princesas sobre colchones que no podían dormir por un guisante, sapos que se transformaban en príncipes, etc. etc.... todo esto era posible, sin duda, pero las cosas que le pasaban a Alicia parecían demasiado graves, especialmente tratándose de una nena, igual o poco mayor que ella.
Las lágrimas caían silenciosamente de los ojos de Pamela cuando Alicia atravesaba dificultades terribles y aplaudía deleitada cuando las iba superando. El libro tenía tapas duras y un dibujo en colores donde se veía una nena con un vestido largo con cinturón que seguramente ataba con un moño atrás, un poco parecido al delantal que ella usaba para ir a la escuela.
Admiraba el carácter decidido de Alicia porque se atrevía a preguntar sobre lo que no entendía y superaba el temor que le inspiraba la Reina de las Cartas.
La abuela también parecía tener una conexión especial con esta historia. Pamela se daba cuenta porque cuando la leía no despegaba los ojos del libro, no interrumpía para mirarla ni para preguntarle si estaba cansada.
Pamela escuchaba el relato con los ojos cerrados. Pronto llegó el momento esperado. Quería saber si se repetiría lo ocurrido la primera vez. Y si, volvió a ocurrir!
La abuela leyó:
“....poco después la mirada de Alicia se posó en una cajita de cristal que había bajo la mesa... encontró un diminuto pastelillo en el que se leía la palabra “cómeme”... Dio un mordisquito...”
Pamela sentía que sus pies y su cabeza se separaban velozmente y que sus manos ya no estaban apoyadas en el borde del sillón. Ahora para tocarlo tenía que arrodillarse...

Ya era la madrugada. Los padres de Pamela regresaban. Al acercarse percibieron algo extraño que no podían definir. Las ramas del paraíso producían sombras sobre la casa y no dejaban pasar la luz del farol de la calle. Osvaldo se sintió alarmado, aceleró para recorrer rápidamente la cuadra que faltaba produciendo un fuerte ruido de motor y frenando bruscamente al llegar.

La abuela percibió la cercanía. Leyó con la velocidad de la que sólo ella era capaz, y hasta se vio obligada a saltear algunas frases. Alicia encontraba el frasco salvador con el letrero “bébeme” que la haría achicarse nuevamente.
Pamela recuperaba así su tamaño habitual.
Osvaldo y Helena subían desesperados la escalera hasta la planta alta.
Por suerte, todo estaba en orden. Pamela dormía plácidamente en los brazos de la abuela, que también dormía.

3 comentarios:

Alaniz dijo...

Bravo!!
Una mas que se animo!!!
Muy lindo cuento, recuerdo cuando lo leiste!!

Graciela "Boticaria"- Boti dijo...

Me gustó mucho, es muy emotivo. También me acuerdo cuando lo leíste en el taller , pero ahora lo disfruté más. Viva!!!!es la primera vez que subís algo al blog, seguí haciéndolo. Es lindo compartir lo que escribe cada uno.

MARIANA KLEIN by KLEIN PROPIEDADES dijo...

ahora que lo lei lo senti mucho mas que cuando lo leistes, me angustio esa sensacion de pamela,
buenisimo que lo levantastes al blog...bienvenida!!! gracias por compartirlo!!!