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Pablo Murió. Florencia, su mujer, es quien le avisa a los más allegados.
Florencia y Pablo se habían casado cuatro meses atrás, después de casi seis años de novios.
Pablo acababa de poner el Bar con el que siempre había soñado y Florencia daba clases de inglés en varios colegios.
Cuando Florencia llamaba para dar la noticia, la oían tan angustiada que nadie se animaba a preguntarle detalles de la muerte. Les pasaba la dirección de la Casa Velatoria, y cortaba agradeciendo que nadie enviara coronas, a él no le gustaban las flores muertas.
Se puso el vestido que le había regalado Pablo el día anterior, agarró la cartera, cerró con llave y se fue.
Su angustia era incontenible. Todos se compadecían de ella y respetaban su dolor en silencio. Todos, excepto Alejandro, el hermano mayor de Pablo, que hablaba alto y se reía nervioso.
La tradición Judía vela a sus muertos a cajón cerrado, así fue velado Pablo.
Llegaron al cementerio pasado el mediodía. El velorio duró apenas unas horas, era innecesario prolongar ese dolor, decía Florencia.
Un gran cortejo llevó el cajón hasta el pozo.
Cayó el cajón y sobre él la tierra.
Florencia dejó caer los párpados y con los ojos aún cerrados respiró con un dejo de alivio.
Pese a todas las invitaciones y sugerencias, Florencia decidió ir sola a su casa.
Prendió la radio del auto y manejó intentando no pensar en este último día.
Estacionó frente a su casa, sacó las llaves de la cartera, pero no pudo abrir.
Había una llave del lado de adentro.
Tocó timbre y abrió Pablo.
Hola, Amor!, dijo Florencia. Tuvimos suerte. Nadie sospechó y él no se despertó.
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1 comentario:
Muy bueno. Final inesperado.
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