C13 - Suspenso - Graciela

SUSPENSO I. GRACIELA.( versión final).



"Esta noche es sólo para mí", pensó.


Todos duermen en casa. El perro dejó de ladrar hace un rato. La tortuga ya se acomodó en su rinconcito preferido del parque. A sus pies está sentado Francisco, un gato gordo y perezoso. En el invierno era un acolchado confortable, en el verano le venían ganas de pegarle una patada y mandarlo al patio, al living, al mundo. La tranquilidad es plena.


"Bueno, y ahora qué..."



Se sentó en ese sillón confortable que le regaló un amigo hace unos años. Era su preferido, de color negro y con rueditas que se deslizaban torpemente emitiendo un chirrido. Solía leer a solas hasta muy pasada la medianoche. Solo. Sin más compañía que ese felino y ese ruido extraño, el de siempre, el que empezaba a hacerse sentir justo en el momento en que en la casa todos dormían menos él. Al principio lo aterrorizaba, ahora sólo lo distraía. A veces lo atemorizaba. Sería la vecina, suele hacer ruidos extraños, dicen que restaura muebles antiguos .Podría provenir del freezer, sonaba a hielo formándose. Lo remontaba a su infancia y ese correr del viento frenético entre los árboles. Lo esperaba cada madrugada como se espera el trueno ensordecedor después de la luz del rayo. Era penetrante, perturbador, indescriptible. Lo asustaba tanto como un tiro que escuchó en su niñez. A veces sonaba abrumador, a veces sigiloso. Esteban se mueve en su sillón buscando una posición confortable.



Cada vez que sale de su escritorio y enciende una de las luces el ruido cesa. El hombre logra meterse en su lectura. No pasan más de dos minutos, y el maldito de vuelta ahí. Trata de afinar su oído para percibir de dónde viene exactamente. Le resulta difícil. La puta, no se puede concentrar. Ese ruido lo está volviendo loco.”¿Por qué sólo de noche?” “¿Y durante el día qué?” Era evidente que alguien quería perturbar su psiquis. Todo era raro: el gato abandonaba sus pies, desaparecía de escena, el ruido se hacía más penetrante.


Alguna vez despertó a su esposa, quería saber si ella podía escucharlo. A pesar de sufrir de insomnio la respuesta de su mujer siempre era negativa. Dicen que los muebles suelen crujir en el silencio de la noche. Pero, éste no era ruido a madera muerta. Éste tenía vida. Pasaron dos, tres meses, y todo igual. Esa percepción a la noche cuando todos dormían. Hasta casi decide dejar de pasar esos momentos a solas. Lo estaba invadiendo el terror. El ruido provenía de la casa, sin lugar a dudas. Pero, debía descubrir qué era aquello. Estaba dentro de la casa. Nadie más lo oía, ni sus hijos, ni su mujer, ni la agria de su suegra cuando venía de paseo. El maldito ya formaba parte de sus noches. Tendría que compartir ese momento suyo con su libro elegido y con el misterioso ruido. Pero, ¿Hasta cuándo? Toda la vida. No lo soportaría. Hasta pensó en mudarse de esa casa. Pero le había costado encontrar una propiedad cómoda, en un barrio tranquilo y además mucho sacrificio para pagarla. En sus momentos de insomnio elegido hasta pensó en traer a un exorcista, dicen que a veces da resultado. “Pensamientos ridículos”, se decía.






Resignado ante esta situación recurrente, Esteban se dispuso a leer la novela elegida hacía varias semanas. Y sí llevaba tiempo con ella, la perturbación era constante por lo que la lectura se hacía lenta, tan perezosa como el gato de la casa. En su escritorio solo. Se distrajo mirando la mancha de humedad que aparecía encima de la biblioteca, formando una figura similar a un dragón.

Todos dormían. Excepto el gato. Estaba en la cocina, muy despierto. Se acerca al animal y lo ve agazapado, sobre una rata negra y grande. Esa rata peluda, con esa cola larga le produjo náusea. Sintió vergüenza al asustarse de modo tan particular por la presencia de ese bicho. Le vinieron a la mente unas ratas diminutas, recién nacidas, con sarna, que había visto en el fondo del terreno de su casa, cuando era niño. Animal escurridizo sin igual. Hubiera emitido un grito desgarrador. Pero todos dormían y encima la suegra iba a pensar que era medio marica.

Lo extraño de esta situación es que el gato, cretino y sucio, en lugar de estar atacándola estaba viviendo con el bicho esa situación .Ese era el ruido!!! El gato de mierda y la puta de la rata. Era como le había contado su amigo Rafael, en los buques de la marina mercante los felinos desgraciados solían tener romances con las ratas hospedadas en el lugar. Por eso el capitán del barco prefería a los hurones.


Agarró lo primero que tenía a mano, un palo de amasar. Intentó separar a los animales, el pedazo de madera con forma de cilindro resultaba chico y lo único que logró fue romper ese jarrón chino que le había regalado la madre de su mujer para la última Navidad. Sonrió ante tal logro, si al final de cuentas hacía meses que se lo hubiera tirado a la vieja por la cabeza. El ruido a porcelana rota y desparramada por toda la cocina despertó a toda la familia. La esposa apareció con la máscara facial, los ojos medio cerrados, tambaleando y casi se desmaya ante tal espectáculo. El hijo de 15 años intentó intervenir, le divertía la escena, pero su dulce abuela materna lo tomó de un brazo y lo inhibió. Al final apareció la hija, con los pelos alborotados , pegó un grito tan afinado que más de una vecina, de esas que tampoco duermen durante la madrugada, lo escuchó y dio dos vueltas de llave a la puerta de la casa. Todos mirando desde lejos, no podía temer a un bicho espantoso, asqueroso como ese. Había visto cosas más desagradables cuando tuvo que embarcar para Las Malvinas en el 82. Claro, pasó mucho tiempo y ya poco recordaba de lo vivido ahí.


Abrió otro cajón del mueble y agarró una espumadera medio rota, la cuchilla con la que cortaba la carne del domingo, la sartén que había quedado sucia de la cena. Con todo esto en sus manos alborotado pegó para todos lados. Tiró todo por el aire, contra los dos enamorados. La rata intentó treparse por la ventana que estaba semiabierta en la parte más alta de la cocina. Antes de lograrlo la cuchilla afilada quedó incrustada en su lomo. Corría sangre de color extraño. La suegra se desparramó en el suelo, un paro cardíaco, una subida veloz de su presión. A la mujer se le despegó la máscara verde, la que le cayó intacta en la cerámica del mismo color. El hijo se acercó a la escena y participó del motín.

La adolescente corrió a su habitación y llamó por teléfono a su mejor amiga para contarle lo sucedido.

El gato se ligó algunos golpes bien merecidos, quedó desmayado contra el rincón del aparador inglés de madera oscura y mármol de carrara.

El felino de la casa, tan tonto como siempre, viviría su vida triste y angustiado. Habían matado a su amante. No se acercaba a Esteban.


Al fin nuestro hombre se liberó del ruido, del gato, de la rata y hasta de la suegra.

Algún libro y la plenitud nocturna volvieron a ser suyos para siempre.



GRACIELA- 22-11-08

02 AM

1 comentario:

Graciela "Boticaria"- Boti dijo...

Gracias al compa Faure, por muchos lineamientos dados para que ésta (la 4º versión) saliera mejor que las otras. La muerte de la suegra se la cargo a Dany.Jaja.