C5- NARRADOR/PUNTOS DE VISTA-GRACIELA-

CLASE 5-EL NARRADOR/PUNTOS DE VISTA.

Consigna : Escribir como narrador omnisciente.


Los ojos azules, muy azules, del enorme gato color gris, colgado de la cornisa del segundo piso de un edificio en ruinas de una calle cualquiera del barrio de Saavedra, miran desafiante a los humanos que velan por él. Da la impresión de que su caída será inminente, pero eso no sucede, al menos por ahora.
La dueña de la bestia, una vieja huraña y mal humorada llamada Angélica, grita como una loca al bicho colgado del balcón. Su idea es tranquilizarlo, pero el animal la observa con su mirada azulada llena de odio. “Loca, insoportable, sucia” piensa el pobre felino. La vieja vive con su hijo de unos 40 años, solterón y sin trabajo.
Aparecen unos bomberos fatigados y de mala gana, con instrucciones de atrapar al animal. No lo logran, en verdad no ponen mucho empeño para hacerlo. Y cuando desde la central de bomberos los llaman a causa de un incendio en los cines de avenida Cabildo y Ugarte sin mediar una palabra, un gesto, una explicación: desaparecen del lugar. El sonido de la sirena se apaga a medida que se alejan .
Y entonces un vecino asustado, desde el que emana un rechazo inmenso hacia los gatos y ante tal alboroto, llama a la policía, y aparecen 2 hombres: uno pequeño , flaco, débil y el otro: gordo, grandote, torpe. El portero les alcanza una escalera que está tan en ruinas como el edificio. Construida con un metal que alguna vez debe haber brillado, relucido. Ahora ha perdido su color, su aspecto resplandeciente y sólo tiene un número interminable de escalones, que hacen su razón de ser.
El policía gordo acomoda la escalera para llegar ahí mismo donde está el gato gris de ojos azulados. Sube cada escalón sintiendo en cada una de sus piernas el peso de sus 120 kilos, recordando que no cumplió la dieta indicada por el médico y que cada día le recuerda a los gritos su mujer. Llega a la cornisa, estira su mano enorme para atrapar al animal, casi lo logra cuando una arañazo mortal le alcanza las mejillas , los ojos, la frente, la boca. Y el pobre tan grandote como infeliz cae de la escalera metálica en ruinas justo en el límite entre la vereda y la calle. Tuvo suerte ,pensaban todos los que estaban presentes, porque justo en ese mismo lugar había tres enormes bolsas de basura llenas de algún material que hizo que su caída no fuera su muerte.
Una joven presente en la escena, estudiante de 4º año de medicina, es la única que se ocupa del hombre y llama a la ambulancia.
El gato , cuyo nombre nosé ( si es que tenía algún nombre), sigue ahí, estático, inmóvil.
Aparece en escena un caballero de ojos claros, pelo castaño y barba en forma de candado, en su bicicleta nueva azul marino comprada el día anterior. Frena, deja con cuidado el vehículo apoyado en el portón de la casa vecina y se acerca .Tira su maletín , el que contenía alguno de sus escritos y un ejemplar de su novela recién editada, y grita a todos que salven al inocente animal. En ese mismo momento recuerda el día en que su madre le prohibió tener gatos en la casa. No se hubiera detenido si en lugar del bicho gris de ojos azules estuviera en ese mismo sitio un hombre o una mujer. Qué extraño el poeta: deja su maletín , su bicicleta, su novela, todo por un animal que no conocía. Extraño, impredecible, tonto.
Después de 5 minutos se da cuenta que ni su bicicleta, ni su maletín, ni sus ilusiones están donde las había dejado. Lo dije antes, tonto, impredecible, extraño.
Pasan 20 minutos más, y cuando tiene ganas y ante la mirada de todos el implacable animal se trepa a la reja del balcón vecino oyéndose gritos de los habitantes de este nuevo lugar.
La vieja Angélica, sucia, insoportable , loca, sabe en ese momento que esa era la última vez que veía a su mascota.
Y todos se van, el gato color gris, su dueña, la jóven casi médica, el encargado con la escalera al hombro, la ambulancia del SAME con el policía gordo herido, el policía débil, los vecinos curiosos.
Sólo queda el poeta de la historia pensando en juntar dinero para comprar otra bicicleta, otro maletín y en armar una nueva consigna para los talleristas del centro cultural Jauretche.

3 comentarios:

El poeta sin público dijo...

Bien, pero cuidado con la frase larga del principio (las frases largas obstaculizan la comprensión del lector) y los datos innecesarios. Que la voz omnisciente lo sepa todo no quiere decir que pueda poner datos que no tienen que ver con la historia.

Daniel dijo...

Pero, veo mal yo? o acaba de aparecer el profe con un gato al hombro?

Grace: delicioso relato!
;D

MARIANA KLEIN by KLEIN PROPIEDADES dijo...

muy gracioso el final!!!buenismo