C7-POBRE JUAN ( Graciela)

POBRE JUAN.

Un día de Septiembre apareció en el taller.
Era un personaje serio, demasiado serio.
Ingeniero, dijo ser de profesión.
Todos pensamos, que tal vez era ese tipo de ingeniero que es Faure, pero no.
Maletín negro, si mal no recuerdo. Con papeles, calculadoras, lápices, hojas y hojas.
Decía querer sensibilizarse, salir de su rutina tan esquemática.
No me quedó claro cómo dio con nuestro taller.
Fue bienvenido por todos. Lo dejamos expresarse, presentarse, escribir.
-¿Volverá el próximo jueves? Más de uno se preguntó.
Y sí, regresó. Casi ante la sorpresa de todos.
Encima ese día había cumple con vino de todos los colores, sándwiches y hasta la más rica torta casera.
La consigna era: describir a un compañero de taller, a cualquiera, al que se nos ocurriera.
Cada tallerista concentrado en su tema.
De repente Gustavo y Juan, desaparecieron del lugar. No los ví más.
Giré mi cabeza hacia la izquierda y los veo ahí en el pasillo, hablando en voz baja.
-Qué pasa? Nos preguntábamos.
Hablarían de la cuota, de las consignas , de nosotros, del espacio físico. Poco me importaba, yo estaba muy concentrada en describir a mi tallerista elegida en esa oportunidad.
Entraron los dos. El nuevo le dio al vino, a los sándwiches, a la torta de Susy.
Escribió, leyó, no sonrió.
Y pobre Juan, él se lo perdió.
Se perdió la sabiduría de Susana, la genialidad del caballero Faure, la risas y simpleza de Anita, la espontaneidad de la Klein, la sencillez de Alaniz, los ojos recién enamorados de Luly, la palabra justa y precisa de Gabriela, la casi timidez de Bea, la franqueza de Gustavo y hasta mis alas cortitas con ganas de volar.
No sabemos nada de este Juan. Por ahí se equivocó de dirección y en lugar de Manuela Pedraza quería llegar a Olleros, Santos Dumont o Vuelta de Obligado.
Si algún día regresa lo vamos a recibir con los brazos abiertos.
Pero, eso sí, nunca le perdonaríamos que nos lleve del taller a su colega y nuestro gran preciado ingeniero Faure.

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