Clase 6.
Consigna : Utilizar un sentido, escribir algo y que el lector perciba lo descripto por medio del sentido elegido.
SENTIDO: el olfato
PAN CALIENTE.
El olor a pan caliente me lleva al pueblo de mi infancia.
Cada día mi tío y 2 o 3 empleados se levantaban en plena madrugada , a eso de las 3.
Había que hacer la mezcla de la harina con sabor a madrugada, la levadura ( con su olor ácido), el agua y la sal que olían a espuma de mar.
Esa mezcla a una enorme máquina, a una pieza cálida y húmeda.
Esperar.
Ya el ambiente olía a pan incipiente, alquimia de olor a masa cruda y levadura. Neutro, perceptible.
A unos pocos metros el horno que olía a leña quemada a fuego lento. Así debía de ser.
Mientras la levadura hacia su trabajo en su masa, alguien aparecía con un jarro con mate cocido . Aroma inconfundible. Irremplazable. Mate cocido de pueblo.
Ya pasó. Se cumplió el tiempo de leudar, ahora a amasar y hornear.
La parte más linda y divertida. Cortar cada trocito, para que cada uno de ellos fuera en pocos minutos un pan cocido crujiente.
Así la vida de la panadería pueblerina crecía entre bolsas de harina, trozos de levadura, leña, horno , pan cocido y por supuesto madrugones.
Y llegó el momento del horneado.
Y lo mejor , el pan caliente recién hecho.
Olorcito inquebrantable, capaz de subyugar hasta al más cruel de los sentidos. Nadie se resiste a ese aroma. Es como disfrutar de una cálida embriaguez.
Al salir del horno se huele exquisito, suave, tierno.
Según leí por ahí, no sé sabe ciertamente donde nació el pan, pero 3000 años antes de Cristo este apetitoso manjar ya se comía en China.
Y como alguien dijo “con pan y vino se anda el camino”.
Me olvidaba contarles que a mi cuento le robé un poco de olorcito del pan caliente y se lo mandé de regalo al hijo de una de mis compañeras de taller.
Consigna : Utilizar un sentido, escribir algo y que el lector perciba lo descripto por medio del sentido elegido.
SENTIDO: el olfato
PAN CALIENTE.
El olor a pan caliente me lleva al pueblo de mi infancia.
Cada día mi tío y 2 o 3 empleados se levantaban en plena madrugada , a eso de las 3.
Había que hacer la mezcla de la harina con sabor a madrugada, la levadura ( con su olor ácido), el agua y la sal que olían a espuma de mar.
Esa mezcla a una enorme máquina, a una pieza cálida y húmeda.
Esperar.
Ya el ambiente olía a pan incipiente, alquimia de olor a masa cruda y levadura. Neutro, perceptible.
A unos pocos metros el horno que olía a leña quemada a fuego lento. Así debía de ser.
Mientras la levadura hacia su trabajo en su masa, alguien aparecía con un jarro con mate cocido . Aroma inconfundible. Irremplazable. Mate cocido de pueblo.
Ya pasó. Se cumplió el tiempo de leudar, ahora a amasar y hornear.
La parte más linda y divertida. Cortar cada trocito, para que cada uno de ellos fuera en pocos minutos un pan cocido crujiente.
Así la vida de la panadería pueblerina crecía entre bolsas de harina, trozos de levadura, leña, horno , pan cocido y por supuesto madrugones.
Y llegó el momento del horneado.
Y lo mejor , el pan caliente recién hecho.
Olorcito inquebrantable, capaz de subyugar hasta al más cruel de los sentidos. Nadie se resiste a ese aroma. Es como disfrutar de una cálida embriaguez.
Al salir del horno se huele exquisito, suave, tierno.
Según leí por ahí, no sé sabe ciertamente donde nació el pan, pero 3000 años antes de Cristo este apetitoso manjar ya se comía en China.
Y como alguien dijo “con pan y vino se anda el camino”.
Me olvidaba contarles que a mi cuento le robé un poco de olorcito del pan caliente y se lo mandé de regalo al hijo de una de mis compañeras de taller.
2 comentarios:
muy rico este cuento!! bien Grace segui asi que vas a terminar en cuestion de peso!!! Klein
MMMM....se me hizo agua a la boca!! Riquisimo pan, quiero!
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